Más conductas éticas que códigos utópicos. Capítulo I

Hace un año y pico coincidí en una conferencia en Valladolid con un exitoso empresario del momento en una mesa redonda sobre cómo tener talento y ser emprendedor. El laureado emprendedor enfocó su eticaintervención insistiendo en la necesidad de un código ético para configurar la atracción y retención del talento, y en el debate tuvimos una breve discusión sobre la ética y los negocios.

Mi posición, como a continuación esbozaré, se basa en la idea de que los códigos éticos son un proceso “tranquilizador” de las conciencias, que son muy bonitos y expresivos en su literalidad, pero que lo importante son las conductas éticas de los directivos más que los principios cuasi tópicos de un código. Y en el fragor del debate osé manifestar que los grandes códigos éticos empresariales llenan los cementerios de las culturas empresariales por su discrepancia con la realidad ética de los directivos. Me quedé con el sabor de boca de tertuliano crispado, pues al radicalizar mi opinión seguro que arrastre sinrazones dentro de mi lógica; y en el AVE de vuelta reflexioné sobre lo absurdo de la discusión llevada por los brillos de los egos. Pero en fin, estaba seguro que el emprendedor de esa empresa llamada GOWEX, con un código ético, a lo mejor tenía razón. Hete aquí, una mañana, unos meses después, que me salió una sonrisa maligna al palpar mi IPAD y recordar aquella discusión.

Más allá de las anécdotas si me gustaría profundizar y matizar mis opiniones desde la reflexión escrita de mis humildes argumentos. Como bien dice Fernando Savater en su libro “Ética para la empresa” la decadencia del valor de la experiencia ha hecho que los comportamientos éticos de los directivos se basen más en estentóreos principios más que en humildes experiencias de sentido común. Lo ético está representado en el mundo ideal pero no está basado en lo práctico de la realidad. Gestionar la realidad desde las 3H que debe tener un líder: humildad en su saber, honestidad en su saber hacer y humanidad en su querer hacer, llevan a que estos comportamisin-tc3adtuloentos se convierten en conductas éticas en nuestra actividad. Las conductas éticas no necesitan de un código deontológico pactado y redactado mirando a la galería, sino más bien, el código serían las historias de actuación de los líderes a lo largo de su experiencia directiva. De aquí, que reivindicar la técnicas de Storytelling (contar historias acontecidas en las empresas) que expongan la verdadera expresión del concepto ético de una empresa. Como decimos los palentinos: “En la necesidad se conoce la amistad” y en la experiencia es donde está la cuna de nuestra eticidad. No quiero tener una empresa éticamente rigurosa sino tener directivos que hayan tenido que reconocer situaciones donde tengan que ser éticos. La irrupción de emprendedores sin experiencia, sin fracasos, ni situaciones vividas en otras vidas empresariales conlleva a suponer lo ético pero no a la necesidad de ser ético. Lo ético en los negocios no está predeterminado por reglas bonitas descritas desde la suposición, sino en detalles diarios del quehacer directivo.

De aquí la pregunta más lógica:

¿Se puede ser ético en un entorno corrupto de una sociedad distorsionada en sus valores?

Pues yo creo que aquí está nuestra esperanza en el quehacer ético del directivo. Obviando un debate pseudoideológico y religioso que no viene al caso y que tantas dobles morales nos trae, creo más en el directivo que asume la ética de la empresa desde su ética personal. No puede haber una ética encerrada en un código sino no hay directivos con conductas éticas, ya lo decía mi referente adolescente Isaac Asimov: ”Nunca permita que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien”. Lo que está bien independientemente de hacerlo por valores y principios sino por el convencimiento práctico de que es lo que tengo que hacer. La conciencia del directivo, como dice el refrán, es a la vez, testigo, fiscal y juez. Pero basta de palabras, que casi seguro que todos estamos de acuerdo, sino que os propongo iniciativas para cambiar este meloso barro del pesimismo ético.

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