¿Por qué decimos soft skill cuando queremos decir essential skill?

En el entorno de las empresas GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) se llena la boca cuando hablan de Softskill o habilidades blandas. A mi lo soft o lo de blando me parece una mala metáfora cuando hablamos de habilidades básicas (Resiliencia, por ejemplo). Creo que las dicotomías hard/soft o duras /blandas son propias de mentes preteritas que simplifican la realidad en buenos/malos, Real Madrid/Barcelona, etc. Es más lógico que pensemos que hay unas skills esenciales y básicas de las cuales emanan otras competencias que se puede denominar soft y/o hard. Hay autores la llaman OMNICOMPETENCIA, porque son metacompetencias o skill comunes para explicar las competencias específicas.

Estas competencias esenciales son básicas para el futuro postcoronavirus, porque no sabemos que conocimientos, roles y temáticas vamos a tener que intervenir, pero seguro que necesitamos estas competencias. El desarrollo de habilidades esenciales de amplio espectro necesita de entrenamiento. Siempre habrá gente que piensa que no podemos cambiar, pero si invertimos prácticas y experiencias estoy seguro de que perfeccionaremos estas competencias básicas.

En el libro de 2019 sobre “las siete habilidades para el futuro (presente)” de EMMA SUE PRINCE recoge todas las investigaciones existentes y nos delimita el ámbito de trabajo. Estas competencias son tan amplias que yo las diferencio en tres vectores conductuales:

  • Conducta de la competencia asociada a la percepción.
  • Conducta de la competencia asociada a la cognición.
  • Conducta de la competencia asociada a la comunicación.

Con estos tres vectores ponemos focos a desarrollar cada competencia básica. Y con afán de cambiar las preguntas a la realidad para conseguir nuevas cuestiones hemos desarrollado a cada competencia básica en una pregunta y las tres conductas asociadas.

El entrenamiento debe basarse en las siguientes siete preguntas:

  1. ¿Cuándo fue la última vez que hicisteis una conducta nueva por primera vez? ADAPTABILIDAD

El nivel de adaptabilidad se expresa a través de la curiosidad (apertura mental) flexibilidad intelectual y aceptación de crecer frente a las nuevas circunstancias. Ser adaptable se entrena, haciéndote consciente que tenemos que cambiar para adaptarnos a las circunstancias externas. La adaptabilidad es la consecuencia de tu curiosidad, que está determinada por tu capacidad de aprendizaje y la aceptación de las nuevas variables y circunstancias del entorno. Abierto a cambiar, flexible a cambiar mentalmente y no preocuparte de comunicar que estas cambiado.

  1. ¿Cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión de un criterio que considerabas inmutable? PENSAMIENTO CRÍTICO.

El pensamiento crítico es una essential skill que nos permite relativizar nuestros criterios personales según la evolución del entorno. Para tener pensamiento crítico tenemos que aceptar puntos de vistas diferentes (multiperspectivas), tener flexibilidad cognitiva para saber cambiar de ideas y buscar alternativas creativas frente a tu opinión sobre la realidad. Este pensamiento tiene que basarse en comprender que “tú” verdad de una versión de la realidad y saber trabajar con diversos y diferentes puntos de vistas alternativos.

  1. ¿Cuándo fue la última vez que aceptaste una opinión diferente a la tuya? EMPATÍA

La empatía está en la base del desarrollo humano. Para ser empático tenemos que tener una actitud de comprender a los demás, lo que llaman los psicólogos ESCUCHA ACTIVA, además tenemos que ser autoconscientes de nuestros sentimientos y saber expresar las emociones y los sentimientos adecuadamente. El desarrollo de la escucha activa, la atención plena y la comunicación empática se puede entrenar para ser más empático.

  1. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste lo que pensabas y sentías y tus conductas fueron coherentes con ellos? INTEGRIDAD.

Ser integro, coherente en lo que piensas, sientes y haces es un referente personal. Para ser integro hay que procesar equilibradamente la información con diversidad de fuentes, actuar en función de tus valores, aunque tengan un coste personal (conductas coherentes) y dice abiertamente tu opinión de una forma asertiva. Integridad por tener una información equilibrada, coherencia de actuación y saber decir no, cuando hay que decir no.

  1. ¿Cuándo fue la última vez que no vistes lo positivo de la realidad? OPTIMISMO.

Ser optimista realista es una ventaja competitiva debida a nuestra incitación a la acción del optimismo. Y para ello hay que tener una perspectiva optimista de la realidad, verla como una oportunidad, relativizando lo negativo y construyendo visiones positivas. Además, tenemos que pensar en positivo y ya no demostrar la realidad de lo que es negativo. Y por último, comunicar con positividad las acciones, es decir, con alegría.

  1. ¿Cuándo fue la última vez que provocaste un cambio significativo a tu realidad? PROACTIVIDAD

La proactividad es una opción vital de generar cambios de tu realidad. De aquí la importancia de tener una actitud de percibir la realidad para poder cambiarla, si la puedo cambiar, la cambio, sino me tengo que adaptar. Generar a partir de una percepción de cambio tu criterio propio fruto de la reflexión sobre esa misma realidad. Y con este criterio personal dar tus soluciones al entorno sin procrastinar. Influencia con criterio propio para dar soluciones

  1. ¿Cuándo fue la última vez que tiraste la toalla? RESILIENCIA.

La gestión de la adversidad es importante para establecer tu nivel de adaptabilidad y proactividad. Todos sabemos que sin fracasos no existe el aprendizaje, por tanto, tenemos que saber encarar los miedos con serenidad, es decir, tener templanza para aceptar las malas noticias y moderar tus reacciones. Además, aceptando tu vulnerabilidad construyendo tu fuerza interior para aceptar la adversidad y, por último, expresa tu fuerza para soportar las dificultades vitales, es decir, tener ánimo. Templanza con fuerza interior y expresando dosis de enorme ánimo.

Si la respuesta a estas 7 preguntas indica que hace mucho tiempo que no hacemos algo, tenemos un problema de desarrollo de nuestras habilidades. No tiene más el que más entrena, pero si se diferencia el que se entrena del que no se entrena. El uso de estas competencias genera hábitos saludables para gestionar tu carrera profesional, e incluso tu trayectoria personal. Hay que entrenar el músculo de la adaptabilidad, ejercer el pensamiento crítico, utilizar la empatía, demostrar la integridad, usar el optimismo, el desarrollo de la proactividad y aceptar la realidad con resiliencia.

En fin, que muchas veces creemos que es competitivo el aprendizaje del conocimiento cuando lo verdaderamente útil es el entrenamiento de las habilidades. Y tenemos que asumir que encerrarnos en un determinado dominio de nuestras habilidades implica no evolucionar profesionalmente. Podemos dar muchas respuestas nuevas, fruto del conocimiento, pero en cambio radicales de entorno como el actual, lo más interesante es el cambio de las preguntas que hay que hacerse. Y como decía VIKTOR FRANKL “¿Es que acaso habré de avergonzarme de que en todo este tiempo mis concepciones han evolucionado?” No evolucionamos sólo en el saber (conocimiento) sino también en el saber hacer (habilidades) ¿Qué quiere ser un sabio hábil o un hábil sabio? Yo me quedo con lo segundo, primero hacer para saber.

Kenopsia, Mindlessness y la túnica de Neso

Me encanta el termino de “sabia ingenuidad” que leí hace poco en el último libro de FERNANDO SAVATER. Muchas veces he visto que una mirada ingenua es más poderosa que una conceptualización de un experto. Y más todavía, cuando el entorno implica un cambio radical del modelo socioeconómico previo y no vale la predictiva estadística.
No estamos en entorno previsible por el tsunami “coronavirus” y por tanto, cada vez más me cuestiono las percepciones de expertos y analizo las sensaciones desde la ingenuidad. Y que más ingenuo que la mirada de un niño de ocho años, que indica en estas tres observaciones de extrañeza:
✓ Papá, es que no hay nadie en la calle, es que hemos abandonado las calles.
✓ Papá, ahora trabajas más que antes, no dejas de estar conectado.
✓ Y papá, os veo tristes y no sé por qué.
Y estas tres preocupaciones infantiles me ha hecho reflexionar de como esta crisis nos va a hacer cambiar nuestro concepto de ciudad, de trabajo y de emociones. Y para contrastar estas tres ideas he recogido tres palabras o experiencias que están reflejado esta situación.
Si hemos abandonados las calles, me viene la expresión de KENOPSIA que leí hace tiempo, en el Diccionario de las emociones sin nombre de JOHN KOENING, y que expresa esa atmosfera inquietante que deja un lugar habitualmente lleno de gente pero que ahora se encuentra abandonado. Esta emoción que yo la he sentido históricamente expresa a las mil maravillas lo que vemos en nuestra ciudad (recordar la película “ABRE LOS OJOS” de Alejandro Amenabar).
Ciudades sin gentes, ni coches y con pocos servicios públicos. Moviéndote sólo por tu barrio o manzanas e incluso enfrente de tu portal, cambia el concepto de ciudad que tenemos. Después del “coronavirus” volveremos a ocupar espacio público, pero desde tu espacio del hogar. Cuando analizábamos el término danés de HYGGE sobre la felicidad en tus cosas simples entorno a un hogar cálido, decíamos que ese concepto estaba mediatizado por la climatología, pero también debemos pensar que esta crisis nos ha metido de sopetón en el valor del hogar como espacio de felicidad. Hemos tenido que reformular espacio de gestión en entornos de ocio y mezclar conexiones profesionales en ámbitos de intercambio familiar.
La KENOPSIA va a generar no sólo una configuración espacial de ciudad sino cambiar conceptos como felicidad, amistad (mi hijo juega a los cromos por IPad), de escuela, etc., es decir, no es baladi psicológicamente un confinamiento social, sino que tienen enormes repercusiones de tipo social y psicológica. El ser humano tendrá que adaptarse y crear nuevas formas de percibir, pensar y caminar socialmente.
En relación a la situación de teletrabajo inducida, se trabaja más, me encanta una reflexión que expresa E. LANGER en su libro de MINDFULNESS sobre el trabajo y atento y el trabajo automático. Hay dos conceptos sobre nuestra mente, el MINDFULNESS en relación a la atención plena en un trabajo y el MINDLESSNESS en relación con la atención automática y superficial. Pues, la ingenuidad de mi hijo me hizo pensar en que en el entorno de teletrabajo estamos más en mindlessness que mindfulness. Nos hemos visto empujados al teletrabajo sin pensar en la importancia de las liturgias de trabajos. Saber empezar la “jornada”, saber descansar y tomas descanso en el trabajo, saber limitar el trabajo son básicos. En cambio, estar todo el día pendiente del smartphone como fuente de novedad, nos evita estar todo el día a nuestro trabajo, por debemos hacernos significativos por lo que aportamos y no por lo que diligentemente contestamos muchas veces, imagino a mi teléfono como aquel jefe de los años 80 del que estaba pendiente para satisfacer todas sus necesidades. ¿Quién manda tú o tu
WhatsApp? Aquí está la raíz del problema porque todos tenemos la sensación de que trabajamos más. Yo diría, trabajamos más improductivamente porque no prestamos atención plena al trabajo y atención plena al no trabajo, y estamos continuamente en una atmosfera de disponibilidad productiva y pasamos de limitarnos los tiempos de disponibilidad.
Tenemos una sensación de culpabilidad por estar en casa y no “ir” a trabajar. Debemos configurar una nueva concepción de saber trabajar. Huyendo de crear un trabajo mindlessness, es decir, estar distraído en casa, que todo lo vivimos con prisas, el querer hacer varias cosas a la vez (yo me he visto jugando a la pelota en el pasillo y estar hablando por el móvil con mi jefe) y por tanto tenemos una sobrecarga de trabajo reactivo (tengo que responder al móvil). Debemos abogar por un trabajo mindfulness en el teletrabajo, estar centrado en tiempo y objetivos, que el hacer se establezca en un tiempo de eficacia y calidad y generar trabajo proactivo y no reactivo, es decir, crear futuro y no gestionar en el presente.
Y por último, la ingenuidad de porqué estamos tan tristes. Por mucho que queramos disimular, la mirada ingenua aprecia nuestra tristeza. La mayoría dejamos de ver las noticias, de hablar de ello directamente y creamos “fantasmas” de tristeza. Desde la psicología sabemos que tenemos que introducir el “problema” dentro de nuestras percepciones, cogniciones y expresiones, es decir, tenemos que procesar equilibradamente la información (en cantidad y calidad), debemos pensar en el proceso que está ocurriendo y por último, hablar de nuestra tristeza para compartir nuestros pesares. Como siempre es fácil decirlo y difícil hacerlo, pero la tristeza no se puede convertir en un fantasma que nos rodea y no queramos hablar de ello. Me recuerda una expresión clásica y mitológica que siempre me gusto, me refiero a la Túnica de Neso. Dice la mitología que DEYANIRA que era la tercera esposa de HERACLES (Hércules), intentaba pasar un rio cuando un centauro llamado NESO intento violarla y Hércules mató a NESO, pero este le dijo agonizando a DEYANIRA que su sangre le aseguraría que HERACLES la amase siempre. Y esta guardó su sangre y la untó en la túnica de HERACLES. Y al ponérsela le empezó a quemar la piel al héroe. Como expresa SOFOCLES se quedó la túnica de NESO como la metáfora de dolor. No de un dolor físico, sino de un dolor interno, moral que nos invade, aunque no tengamos el virus. Como sabes SHAKESPEARE utilizó la expresión de TÚNICA DE NESO para expresar el dolor moral. El coronavirus nos da más dolor moral que físico a la mayoría, porque no solo genera muerte y pone encima de la mesa nuestra vulnerabilidad física, sino también porque cambian nuestras formas sociales de expresar el dolor. Enterrar sin velar, morir sin manos familiares, etc., son dolores morales. Como decía FREUD “Hay que hacer el duelo para civilizar la pérdida”.
La ingenuidad de un niño me hizo pensar más que el último informe en WhatsApp de una gran firma de consultoría, donde se trata de proyectar el futuro desde planteamientos caducos. Tener que cambiar las preguntas, no buscar nuevas respuestas. Debemos ser ingenuos frente a una nueva realidad. Para adaptarnos tenemos nuestra capacidad de aprendizaje y no sólo tenemos que depender de los aprendizajes anteriores.
En fin, que vamos a cambiar nuestros conceptos de felicidad, de trabajo y de tristeza tras esta “coronacrisis” de indudable intensidad e imprevisibilidad.
Creo que tenemos que habituarnos a estar menos en las calles (KENOPSIA), a trabajar sabiéndonos concentrar y no dispersarnos (MINDLESSNESS) y a caminar con un dolor moral diferente a los que teníamos antes (la túnica de NESO). No debemos olvidar que somos mortales, finitos, vulnerables, pero a la vez inmensos e inconmensurables. Confío en el ser humano para adaptarse a nueva realidad y simplemente, me atrevo a pedir a nuestros “niños” internos que nos hagamos más preguntas
ingenuas. Más ingenuidad para crear el futuro. Por cierto, porqué tenemos que vernos todos los días por videollamada y antes no ¿Porqué?

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