¿Y POR QUÉ NO UN SILICON VALLEY CASTELLANO?


Dice Mar Hershenson, Managing Partner en Pear VC que Silicon Valley “no es una geografía, sino más una forma de pensar”, por tanto, ¿y por qué no un Silicon Valley Castellano? Pensar no es caro, pero sí es complejo. La complejidad de nuestra falta de ambición y de encerrarnos en nuestro propio juguete autonómico. Hay que pensar en grande para generar una nueva ilusión castellana. Los empresarios sabemos que hay que generar una nueva forma de pensar para generar un nuevo futuro. Tenemos que ser revolucionarios porque si no cambiamos la lógica evolutiva de nuestra querida Castilla. Decía Valle-Inclán cuando le preguntaba “¿y usted por qué es revolucionario?” Y respondía “¿por decoro, querida marquesa?”. Por decoro un empresario como yo debe plantear una revolución en Castilla. No podemos ir haciendo parches empresariales sino un cambio total en la visión empresarial. No se trata de una revolución violenta, sino de una evolución mutativa. Necesitamos una mutación para sacar a Castilla de esta agonía poblacional y de modelos empresariales cansados por su repetición. De aquí mi pregunta, por decoro en esta mutación empresarial. ¿Por qué no un Silicon Valley Castellano? Como castellanos pragmáticos decimos ¿pero cómo? En mi humilde opinión tenemos antes que pensar cuatro factores previos para empezar a crear espacios de trabajo y territorios específicos. Aunque la realidad se ofrece en perspectivas individuales como decía Ortega y Gasset, tenemos que consensuar que antes de pensar en un no-lugar llamado Silicon Valley castellano tenemos que reflexionar en las siguientes perspectivas. De entrada, pido perdón por la osadía.

En primer lugar, hay que crear un relato, un relato de las periferias de los centros del poder. Castilla y León no puede copiar el mismo modelo de lo que está criticando sobre el centralismo en un solo lugar. Debemos defender la diversidad de “hubs” por provincias para nuclear este relato diferencial. Tenemos que reinventar un relato de periferia y no querer ser un Madrid, un Barcelona o un Bilbao. Somos algo diferente, somos una sociedad multilateral nucleando en cada provincia, cada uno de los ocho talentos asociados a Castilla y León. Crear una riqueza diversa para atender en cada territorio provincial de la comunidad una lógica a su “capacidad crítica diferencial”. No se puede pensar que en un territorio tan amplio se centre todos en todos y todos no se centren en algo, y que ese algo sea una parte integral de una riqueza diversa. Esta reflexión de capacidades descentralizadas debe dar valor al concepto de “periferia”. Todos somos periféricos de algo en que destaca el territorio anexo. Hay que romper el pensamiento estratégico ortodoxo de sectores, de querer tener en la comunidad de todo, pues estamos en un mundo de “ecosistemas económicos” y no de visiones productivas clónicas de otros territorios nacionales e internacionales.

En segundo lugar, tras el relato de la periferia, tenemos que crear un propósito. En este apartado espero no ser muy transgresor. ¿Por qué una Comunidad Autónoma debe mirar a su historia para dar fuerza a su valor social? Estoy orgulloso de mi historia castellana, pero aún más de mi futuro como territorio europeo. Sin propósito no hay futuro claro de nuestra tierra. Hay que definir un marco de ilusión con nuestro propósito para energizar a nuestro talento. El propósito es lo que queremos ser en un futuro, es lo que moviliza hacia el esfuerzo común social. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué queremos ser de mayor? Trabajar conceptualmente en un propósito inscrito en un relato es una reflexión básica para crear nuestro Silicon Valley. El relato y el propósito es la base de nuestra revolución que necesitamos para crear un Pisuerga Valley, Carrión Valley, Duero Valley, etc.

En tercer lugar, este relato y el propósito necesita de dos análisis pragmáticos para que en un proceso de retroalimentación adoptemos un ecosistema realista. Y, por tanto, tenemos que analizar el territorio y el talento. El talento lo veremos a continuación, pero el territorio necesita de una visión pragmática de lo que podemos conseguir. No se trata de soñar con propósitos grandilocuentes y con relatos mayestáticos, sino que tenemos que pensar en nuestra tenaz realidad, que determina nuestras vergüenzas y loores. Nuestro territorio es amplio y diverso, pero es, ante todo, el que tenemos y no el que queremos tener. El realismo del análisis territorial debe llevar a limitar el relato y el propósito a un plano de aplicación inmediata de los discursos empresariales. No olvidéis que el territorio condiciona la creación de un no-lugar como es el desierto donde se creó Silicon Valley.

Y, en cuarto lugar, el análisis del talento. Si el territorio condiciona el relato y el propósito, también en el mismo nivel está el talento. En este momento, somos claros exportadores de talento de nuestras universidades, es decir, no es que no tengamos talento sino que no damos las condiciones higiénicas (empleo, salarios) para retener el talento en nuestro territorio. Nadie cree que el castellanoleonés lo que quiere es trabajar en las grandes urbes, sino más bien que no tiene oportunidades en su propia tierra. El talento modula el relato, en el sentido, que hace creíble que sus ilusiones vitales se cristalice en un carrera en su tierra y, por tanto, debe ser una parte esencial de cualquier propósito empresarial.

El relato, el propósito, el análisis territorial y el análisis del talento son los factores previos para analizar un posible Silicon Valley Castellano. Antes de invertir en parques tecnológicos deslavazados o polígonos industriales domésticos, tenemos que pensar en el porqué y el para que de nuestra aportación empresarial en el ecosistema español, europeo y mundial. En mi modesta opinión este es el debate actual, menos miradas históricas y nacionalistas y más visión de futuro y cosmopolitas. El mercado global necesita empresas biónicas (digitalizadas), exponenciales (desintermediadas, apoyándose en capacidades de terceros para crecer) y como dice Arthur Yeung y David Ulrich en 2020 en su libro “Reinventando las organizaciones”, más empresas MOE (empresas que crean ecosistemas orientados al mercado). No perdamos el tiempo y vivamos y generemos el futuro para crear un modelo empresarial diferencial en nuestra querida Castila y León. No es un discurso utópico sino basado en la realidad que el cambio empieza con la necesidad del cambio, y en este momento, tenemos una gran necesidad de cambio en nuestra Comunidad. El decoro de ser un revolucionario empresarial en este 2021 surge por la osadía de ser sincero ¿Qué nos ofrece seguir haciendo lo mismo que hemos hecho en los últimos años? Como dice Manuel Rivas en su último libro “zona a defender” cuando dice “Defiendo una internacional de las conciencias indóciles que ya no dejará dormir a las conciencias tranquilas”. Un revolucionario empresarial por decoro y una conciencia indócil, son demasiados títulos para este humilde palentino. A cambiar porque si no, otros nos cambian.

SLOW TECH: DEL PRESENCIALISMO AL ONLINEISMO


Siempre que hablamos de desconexión digital me surge una pregunta ¿Cómo es tu relación con la tecnología? Parece que estamos “enganchados” y tenemos que proponer una terapia de desconexión, cuando el problema es nuestra forma de gestionar la tecnología. Introducir la tecnología como un elemento humano más del entorno social como pasó con los libros, la radio y la televisión y no cómo un elemento adictivo. Nuestra relación sana con la tecnología de la información pasa por una mentalidad “slow tech” como tenemos con otras tecnologías. Seguro que la evolución histórica insertará la tecnología de la información como un elemento social más de nuestra vida diaria, pero tenemos ayudar con nuestra conducta. El problema no es la tecnología sino su uso, la forma serena de entender la tecnología, que en algún artículo lo he llamado “templanza tecnológica”. Para tener una forma “slow tech” tenemos que considerar 4 conductas humanas asociadas a las formas de relacionarnos con la tecnología:

  1. Dominio de los tiempos (tú mandas no tu móvil).
  2. Inmediatez en la recepción y respuestas de mensajes (saber sin responder).
  3. Evitar la “pantallización vital” (comunicación omnicanal).
  4. Saber lo último que pasa (estar enterado como valor).

Al final, una relación sana con la tecnología pasa por cambiar nuestra conducta hacia la gestión del tiempo, la agilidad, la comunicación humana y el conocimiento del entorno. La salud psíquica con la tecnología implica la utilización del tiempo necesario, sin tener ansiedad por “tener que contestar”, no comunicarnos sólo por la pantalla y evitar la desazón de no saber la última noticia.

Cada una de esas conductas necesitan de una toma de conciencia, una reflexión y un entrenamiento. En mi labor de Coach Directivo he tenido varios casos donde hemos sufrido al analizar la relación “enfermiza” con la tecnología del coachee.

Del presencialismo al onlinenismo, si combatimos lo inútil de estar en presencia continuamente en la oficina ¿Qué inútil es estar siempre conectado online?

En épocas de COVID-19 con enormes entornos de miedo, hemos vivido situaciones de “onlineismo”, que no se puede dudar ya que no es teletrabajo y tampoco es sano para una productividad sostenible. Puntualmente, se incremente la productividad, pero mantener un nivel adecuado necesitamos un modelo de relación más “slow”. En este sentido, la obligación de la desconexión digital es un planteamiento laboral al que debe complementarse con una reflexión psicológica, que suele hacerse a través del cambio en estas cuatro conductas. ¿Cuáles son las preguntas que nos tenemos que hacer para cambiar?

  1. Gestión del tiempo:¿Quién te marca tu tiempo tú mismo o el móvil? Hay que volver a tener nosotros el dominio de “nuestro” tiempo. Estar esclavo del continuo goteo de mails, WhatsApp, LinkedIn, etc., no te posibilita tu nivel de autonomía. Pasamos de estar pendiente de los tiempos de tu “jefe” para que te mandara (el presencialismo), a estar constantemente pendiente de lo que te dice cualquier persona a través del móvil o el ordenador (el onlineismo). El tiempo es nuestro único bien y riqueza, y por tanto, no podemos dejarlo al albur de un control externo a nosotros. Confundir productividad con estar siempre “conectado” es una falta de conciencia del valor del trabajo. Hay que tomar conciencia de la rentabilidad de tu esfuerzo y que tu trabajo se cifra en contribución y valor y no en tu tiempo. El desarrollo de los OKR como sistema de gestión de objetivos (donde se evalúa los resultados y no los objetivos) y las metodologías agile (donde la autonomía y la coordinación son básicas) nos lleva a una concienciación que el trabajo es contribución individual y grupal en resultados y no tiempo de trabajo en un horario determinado. Simplemente en la nueva regulación del trabajo a distancia (aprobada por el Real Decreto ley 28/2020) se obliga a predeterminar un horario, lo importante es la franja horaria para compartir y el tiempo de desconexión. Si el futuro es el contribuismo y no el presencialismo en una versión onlineismo tenemos que aprender a gestionar el tiempo.

¿Cómo nos entrenamos a gestionar el tiempo cuando teletrabajamos? Fundamental con tres técnicas:

  1. Técnicas de tiempo determinado: Modelo de “pomodoro” 25 minutos enganchado y 5 desenganchado.
  2. Técnicas de análisis urgencia /importancia: Análisis de tu tiempo diario a temas urgentes y/o importantes. Y además con un zoom a semana y meses.
  3. Técnicas de evaluar tu tiempo: Al final del día, para desarrollar estrategias de cambios en los días siguientes.

Gestionar el tiempo con tecnología te hace más libre y sano la relación “slow” con el trabajo.

  1. Inmediatez en la recepción y respuesta de mensajes ¿Qué pasa si sabes y no contestas inmediatamente? Hay personas que tiemblan de ansiedad por no responder inmediatamente, o no ser el primero en responder. Esta distracción de la comunicación genera un enorme tecnoestrés, la necesidad de estar “online” cien por cien colapsa tu tiempo de trabajo y de vida. El mito del “multitasking” ha hecho mucho daño, al tener una atención tan distribuida nos lleva a no vivir el momento, a no disfrutar de tu “trabajo” o de tu “vida” por estar conectados online. Hay que estar viviendo tu vida en cada momento y no estar conectados a multitud de estímulos ajenos que emergen en tu móvil. ¿Verdaderamente tiene valor añadido muchos de los mensajes? Y además es un “bucle” interactivo cuantos más contestas más te enviaran, y entrar en el síndrome de “recencia”, ¡Quién responde el último! O como se decía en mi tiempo de conversaciones con tu querida novia ¡Cuelga tú que yo soy incapaz!

Todos somos dueños de nuestro tiempo, pero no del tiempo de los demás. Tu puedes enviar un mensaje cuando lo consideres, pero no esperes contestación inmediata porque es cuando generas un momento ansiógeno en tu receptor.

¿Cómo se entrena dejar la inmediatez de respuesta? Por simplemente, sabiendo lo que pasa si no respondes. En un análisis hecho por la Universidad de Upsala se demuestra que el 85% de los mensajes que contestamos no son importantes, y del 15% más del 50% no tiene prisa, es decir, que tengan relativa prisa de su contestación no superaban más del 1% de los mensajes. El problema no están en los mensajes que te envían sin en tu necesidad de contestarlo, como bien dice STEPHEN COVEY “Si realmente quiero mejorar la situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo”.

  1. Pantallización vital: ¿Hay vida sin una pantalla? Las pantallas nos rodean ordenadores, Ipad, móvil, etc. Pero la vida no se agota en una expresión digital. No podemos perder la comunicación a través del dialogo personal. En esta época de COVID nos hemos encerrado en una pantalla, pero la pérdida de contacto social deteriora la comunicación. Mucha parte de la corrosión de las emociones tiene que ver con la falta de cercanía social que posibilita el dialogo personal. He aquí la importancia de soluciones del teletrabajo compartida con trabajo presencial más que soluciones unívocas. El trabajo debe tener un componente de contacto personal para conseguir tres efectos que la continua pantallización están mitigando:
    1. Efecto aprendizaje.
    2. Efecto cultura.
    3. Efecto creatividad.

El aprendizaje, los valores culturales y la creatividad necesita de una participación de la comunicación personal más allá del teletrabajo. Más trabajo en teletrabajo y más reuniones en grupo.

  1. Saber lo último que pasa: ¿Qué pasa si no sabes lo último que pasa? Pues nada o poco. Las primicias sólo interesan durante un tiempo limitado. Su volatilidad dota de una importancia efímera.

Estar enterado tiene sentido en un mundo poco rodeado de medios, que claramente no es el nuestro. Siempre nos vamos a enterar, a lo mejor minutos más tarde para qué me voy a estresar por conocerlo de los primeros. Me parece como aquellos conductores que en carreteras secundarias te adelantan al final llegando 5 minutos antes al destino, con un efímero beneficio.

Esta conducta acentuada por la tecnología genera situaciones grotescas y cargas mentales inútiles ¿qué nos importa haberlo sabido antes? Este planteamiento nos hará tener más bienestar digital.

En fin, el bienestar digital empieza por un uso inteligente de la tecnología. Tenemos que saberla utilizar por su indudable valor competitivo. saber gestionar tus entornos tecnológicos e introducirlo en tu dinámica cotidiana te va a dotar de beneficios adecuados. Sin dudar, felicitar el día del cumpleaños a tu amigo porque te has enterado por LinkedIn es fenomenal, pero no olvides felicitarle llamándole y no con un frío mensaje escrito. La filosofía de SLOW TECH resume la forma de generar un verdadero humanismo tecnológico, la tecnología necesita de una adaptación humana, no se trata de humanizar la tecnología sino de considerar la tecnología como un entorno vital incorporado a nuestra conducta diaria. Decía Voltaire “el verdadero viaje de descubrimiento no es buscar nuevas tierras, sino mirarlas con nuevos ojos”, no reniegues de la tecnología, mírala con otros ojos, unos ojos eminentemente humanos. Tu eres el dueño de tu tiempo, de tus ansiedades, de tus comunicaciones, de tus conocimientos y no debemos dejar que lo marque la tecnología. Yo creo que en nuestra mirada hacia la tecnología está la clave de nuestro bienestar digital.

SESGOS COGNITIVOS Y POLÍTICAS DE IGUALDAD


La economía conductual o psicología económica nos enseña que tenemos inserto en nuestra capacidad cognitiva, una serie de sesgos que distorsionan inconscientemente nuestras apreciaciones conscientes. En el artículo de Daniel Kahneman “La falsa ilusión del éxito” nos destaca esos ocho sesgos cognitivos que conviven con nosotros. Y estos sesgos aparecen de una forma clara cuando hablamos de los debates bizantinos de la igualdad. El otro día en un Comité de Dirección se estableció una discusión de igualdad donde emergía estos sesgos y fue muy útil una serie de reflexiones sobre los mismos. Todos tenemos tendencia a utilizar estos sesgos, que surgen de la preferencia de economizar energía de nuestro querido cerebro. En este sentido, suelen ser las generalizaciones del sentido común habitual que conllevan una forma de pensar automática que puede cometer enormes errores en nuevas temáticas como la igualdad. Estoy seguro que veréis reflejados muchos argumentos que habitualmente empleáis en acaloradas discusiones de igualdad de género. Vamos a analizar cada sesgo en nuestras temáticas de igualdad:

  1. Exceso de Optimismo: En las discusiones de las diferencias de género siempre hay sobrevaloración de lo que se consideran “nuestro”. Esta tendencia natural de distorsionar nuestra valía se observa en el discurso de los estereotipos sobre el valor de cada género, como también pasa en las manidas diferencias entre las generaciones. Atribuir capacidades, conocimientos y actitudes generalistas por ser de un género me recuerda las discusiones se basan en valorar lo diferente e infravalorar lo igual. La igualdad empieza aceptando que toda persona individualmente puede tener aptitudes y actitudes diferentes independientemente del género.
  2. Heurística del afecto: La implicación emocional en una temática de igualdad supone buscar justificación para tener razón. La igualdad es racional pero la lucha por la igualdad se convierte en una enconada emoción. Y es precisamente en la alta dosis de emocionalidad lo que obnubila cualquier actuación. La empatía y la disociación de la persona y la idea nos sirve para evidenciar la “niebla mental” que nos lleva la emocionalidad de la causa.
  3. Sesgo de saliencia: La extrapolación de un suceso memorable a la situación actual no suele ser adecuada. El propio ejemplo o hecho nos lleva a pensar en una lógica que no es la que requiere la situación. Extrapolar ahorra energía de pensamiento pero enmascara razones potentes y específicas de la situación. En discusiones de género, es frecuente poner sucesos memorables de enorme carga emocional encima de la discusión.
  4. Sesgos de confirmación: Buscar datos para confirmar lo que ya creemos, es más fácil que cambiar en lo que creemos. Este sesgo es muy habitual en igualdad, por la cantidad de ideas preconcebidas que tenemos sobre la igualdad de género. Lo ves, lo ves… supone una confirmación de lo que creo que debe ser.
  5. Sesgo de la disponibilidad: Según la información que tenemos tomamos las decisiones. Es importante analizar la cantidad, la calidad y diversidad de la información para enriquecer una decisión. Si tenemos poca información, de emisores no fiables y un único medio es muy probable que nuestra decisión este sesgada. Leer ideas contrarias enriquece tu perspectiva de igualdad de género.
  6. Sesgo de anclaje: Todo el mundo tiene anclas mentales fruto de nuestra historia de aprendizaje, son creencias limitantes porque en las discusiones de igualdad nos economiza el esfuerzo de relativizarlas. Tus creencias conducen tus razonamientos por el camino de tu realidad, no de la realidad vista por los demás. Y como la realidad humana es una realidad creada socialmente habitualmente nuestros anclas evita comprender otros puntos de vista.
  7. El efecto halo: El éxito pasado no es lo único que predice el éxito futuro, lo exitoso en un momento no implica que sea adecuado para otro momento y otra situación. Si es habitual que el cerebro intente prevenir el futuro desde el pasado, pero este proceso de arrastre del pasado hacia el futuro puede cometer muchos errores. En igualdad no debemos mirar lo que ha hecho otras mujeres o hombres sino lo que en este momento podemos, debemos y creemos que podemos hacer.
  8. La aversión a la pérdida: Tener más miedo a perder lo que tienes a poder arriesgarte para tener mayores ganancias. Nuestro cerebro intenta ante todo no perder, aunque empatemos habitualmente, nunca aceptaremos el reto de la igualdad. No querer lo mismo si no arriesgarme a algo nuevo para ser mejor es una actitud habitual en la disputa de género. Me gusta la caballerosidad y luego no acepto me diferencie.

En fin, en los Comités de Igualdad se vendía muy bien tener presente estos sesgos que distorsiona multitud de discusiones. La universalidad de los sesgos nos lleva a aceptar que un entrenamiento previo sobre ellos nos haría más igualitarios:

  • No sobrevalorar nuestras capacidades de género e infravalorar el otro género.
  • Poner distancia al afecto de la discusión, calmando emocionalidades históricas.
  • No extrapolar ejemplos y sucesos memorables que obviamente la discusión de género en el aquí y ahora.
  • No buscar datos para confirmar nuestras creencias. Y abrirse a los datos contradictorios a nuestro pensar.
  • No decidir con información escasa, de poca calidad y parcial, pues no tener riqueza informativa impide mejorar la calidad de nuestra decisión.
  • Identificar nuestras anclas mentales o creencias nos limita a aceptar un punto de vista nuevo.
  • No generalizar al éxito futuro por el éxito pasado. La experiencia debe adaptarse al feedback de las situaciones.
  • No buscar más el no perder lo que tenemos más que arriesgarte a tener más oportunidades de ganar.

Los sesgos cognitivas son un gran freno en las discusiones “calientes” de igualdad de género. Si todos pasamos por una ITV mental para afrontar el debate con realismo y pragmatismo estoy seguro que podemos obtener grandes resultados. Y para acabar hay que destacar el enorme valor de las investigaciones de Daniel Kahneman que nos hace pensar más probabilísticamente y menos encerrados en nuestra heurística personal fruto de nuestra experiencias. Y como bien dice él “Podemos estar ciegos para lo evidente y ciegos, además, para nuestra ceguera”, en igualdad de género, a veces, nuestra ceguera es no ver que nuestra mente parte de presupuestos no igualitarios. Pensar en igualdad es aceptar que tu mente tiene sesgos no igualitarios.

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