Cambia tú, que a mí me da la risa

por | Feb 9, 2015 | Coaching, Desarrollo personal, Psicología del trabajo | 0 Comentarios

descargaEs habitual pedir al nuevo año que sea diferente, pero como diría Mafalda: “No es el 2015 el que tiene que ser diferente ¡Es usted!” El centro del cambio de tu futuro está en tu cambio personal ¿Pero por qué pensamos que el entorno es el que tiene que cambiar y no nosotros? No solamente por comodidad sino también por nuestra historia de aprendizaje. Es más fácil pedir que dar. Pero quien consigue mejores resultados es el que se centra en su cambio personal ¿Cómo se puede cambiar adecuadamente? La psicología nos enseña que el cambio personal se basa en cuatro niveles:

1. Cambio cognitivo: La fuerza de las ideas es el inicio de nuestro cambio ¿Dónde está el cambio? Pues siempre en una idea capaz de evocarte una nueva forma de percibir la realidad. Para saber cambiar hay que maquetar una idea. John Banville nos dice: “La invención más trascendental de la humanidad es la frase y con ella se escribe nuestro mundo”, más allá de una palabra es una frase la que nos conduce a buscar el cambio. Steve Jobs tuvo la idea: “quiero ordenadores sin botones” y de ahí que todos nosotros estemos “sobando” las pantallas con nuestros queridos dedos. Buscar la frase de tu cambio es el elemento básico para crear tu nueva competitividad. Como decía Victor Hugo: “Ninguna idea tiene tanta fuerza como aquellas que le han llegado su tiempo”, el entorno es la tierra donde tu idea germinará si las condiciones climáticas son propicias. Pero estas fuerzas de la naturaleza son fundamentales solamente si hemos sembrado nuestra semilla. Podemos saber que el entorno es propicio pero hay que buscar una semilla susceptible de generar una gran cosecha. La frase de tu cambio es lo primero que hay que buscar pero no es lo único que debemos desarrollar sino buscar los minerales, el agua y el sol necesarios para que germine. Y esto sólo está en la sociedad y en el mercado.

2. Cambio de discurso. Tus frases del cambio deben someterse al frio o al calor de su acogida social. De ahí surge el cambio de tu discurso a través de la conversación. Las conversaciones de cambio son el elemento mágico para contextualizar, evaluar, desarrollar y modificar tu cambio. Sin el feedback constante con la realidad cualquier frase se puede convertir en una idea original pero sin practicidad básica. Toda frase de cambio necesita de ser conversada con la sociedad ¿Pero con quién? No con cualquiera, sino con interlocutores expertos. La interacción efectiva de una conversación de cambio se basa en la calidad de los interlocutores. Siempre para que puedas cambiar debemos valorar las opiniones de los interlocutores, esencialmente, sobre su validez para modificar tu realidad con tu planteamiento de cambio. Aunque Sofía Loren nos decía: “Todo lo que ves se lo debo a los espaguetis”, seguro que tuvo muchas conversaciones de cambio para pasar de la sana belleza latina a la atractiva imagen de estrella de cine. A veces, la naturaleza no es tan generosa como fue con Sofía Loren, pero eso sólo nos genera un mayor esfuerzo y creatividad en el cambio. Si Pericles, el mejor orador de Grecia, era tartamudo, si a Churchill, se le declaró al principio de su carrera como uno de los peores oradores, y a Edison, le dijeron de joven que no tenía fuerza de voluntad cuanto tuvo que hacer tantos productos fallidos para conseguir su invento, yo creo que el cambio es posible desde el querer más que desde el tener. Ahora bien, para cambiar el discurso es interesante hablar con tres tipos de interlocutores, que en algunas ocasiones convergen en una sola persona pero que sino habría que buscarlos. Los interlocutores son personas, que nosotros personalmente le damos un valor que nos puede influir:

A. Interlocutores “maestros vitales”. Son aquellas personas cuyo juicio nos ha hecho crecer. Hace poco un amigo que acaba de perder a su padre de 95 años, me decía que además de lo emotivo de la perdida, estaba que se le había muerto su interlocutor vital. Aquella persona con la que planeaba, discutía y aprendía de sus decisiones personales y/o profesionales. ¿Cuáles son tus maestros vitales? Aquellas personas que, seguro que ahora mismo, cuando lo estás leyendo te vienen a la cabeza. Son aquellas personas que te conocen bien y que su feedback se da desde la generosidad y el amor hacia ti como persona. La sinceridad en este feedback es su enorme valor y puede decirnos si la forma de tu cambio es verdaderamente útil y adecuada para ti. Como expresa aquella anécdota de Albert Einstein que en la presentación de un libro le acercaron un bebe de año y medio, y el bebe se echó a llorar, y dijo Einstein: “Es la primera persona en años que me dice lo que piensa de mí”. Pero esta conversación es insuficiente porque lo emocional puede traicionar nuestro juicio y hay que buscar otros interlocutores.interrogacion

B. Interlocutores “expertos”. Son personas que saben la temática de tu cambio. Habitualmente los expertos suelen ser críticos con lo nuevo, pero es bueno conocer su opinión, principalmente por las preguntas que nos hacen. Saber dónde van a poner pegas e inconvenientes técnicos es un gran avance para nuestra idea. Como dice el empresario Fernandez Pujals: “Si te rodeas de estrellas, brillarás; y si te rodeas de lodo, te embarrarás”. Buscar interlocutores estrella es buscar expertos que sepan, porque como dice también este empresario: ”La competencia que nos debe preocupar es nuestra propia incompetencia”. Los expertos nos dan un juicio racional en una conversación de cambio necesaria para hacer crecer nuestra forma del cambio. Pero todavía debemos buscar otros contrastes de opinión.
C. Interlocutores “clientes”. El cambio necesita de la opinión de las personas que incida como cliente en lo que implica su acción. Buscar quién se va a favorecer de nuestra forma de cambio es básico, porque este interlocutor no verán sólo obstáculos racionales y no nos van a dar consejos emocionales, sino fundamentalmente nos dará opiniones pragmáticas. El que no sabe escuchar al cliente de tu cambio desde el principio tiene el inconveniente de poder generar un cambio espurio. Hacer un cambio implica tener mejoras continuas y sin preguntar al cliente no podemos saber la bondad final de nuestra acción. Mucha gente afronta el cambio como en la película de El Padrino: ”Le haré una propuesta que no podrá rechazar”, pero sin el poder de Don Vito Corleone y entonces conseguimos una matanza de ideas.
Tras mantener esta conversación de cambio con expertos vitales, teóricos y con visión de cliente, tenemos cualificada nuestra forma de cambio. Casi seguro que la habremos perfilado, matizado y contextualizado, y entonces tenemos ….que cambiar.

3. Cambio de conducta. Hay muchas personas que tienen grandes frases de cambio y hacer un buen proceso de conversación del cambio, pero no se lanza a la piscina del cambio. Cambiar implica siempre cambiar de conducta. De buscar y encontrar situaciones donde tenemos el sentimiento de ridículo de no haberlas hecho anteriormente. Pero que tenemos el convencimiento y la fuerza de nuestra forma de cambio y del calor aportado por nuestras conversaciones de cambio. Cambiar la conducta supone hacer cosas nuevas que implican, ante todo, un reproche social. Todo el mundo sabe que habrá opiniones diferentes, mofas, risas y, a veces escarnios hacia tu cambio. ¿Por qué tu cambio implica el cambio de los demás? Pero hay un proverbio inglés muy apropiado que dice: ”Las grandes mentes piensan igual, pero los tontos rara vez discrepan”. Discrepar de tu cambio sinceramente es un buen feedback pero debemos saber si surge de su resistencia a su cambio o de una verdadera opinión de tu propio cambio. Ralp Waldo Emerson manifestó en una frase uno de las grandes tipos de intercvención hacia el cambio: “Los retos hacen que la vida sea interesante. Superarlos es lo que hace que la vida tenga sentido”. El sentido de una vida está muy ajustado a la capacidad de superación a través de tus cambios. Cambiar de conducta, de tu hacer diario, de tu querer habitual, de tu esfuerzo cotidiano es la única forma de cambiar. El pensamiento y el discurso son previos pero no aseguran el éxito de tu cambio hasta que no te pongas a cambiar. Pero el cambio tiene multitud de oráculos fatalistas, que en tu proceso te auguran el fracaso y tormentas apocalípticas pero, ante todo, te justificaran racionalmente tu abandono en cambiar. El actor Peter Ustinov lo expresaba así: “Lo último que se oiga antes de la explosión del mundo será a un experto diciendo es técnicamente imposible”. La experiencia técnicamente imposible ha rodeado a todas las grandes mentes y a los pequeños cambios que hemos introducido en nuestra vida.

4. Cambio de hábitos. Pero las conductas deben interiorizarse como hábito si queremos que nuestro cambio personal sea efectivo y duradero. Los hábitos son que, independientemente del dónde, cuándo y cuánto, surge las nuevas conductas. La creación del hábito y la automatización de una conducta supone el aprendizaje y la oportunidad de ofrecer respuestas habituales desde tus ideas diferentes de la vida. Crear hábitos nuevos es uno de los grandes atractivos de esta vida, para seguir siendo el mismo hay que crear nuevas formas de hacer habitualmente. Tener una forma única y exclusiva de ser implica tener nuevas formas de hacer en diferentes circunstancias. Como dice el Dalai Lama: “Todos los años hay que ir a un sitio donde no hemos estado nunca para ser uno mismo”. Los hábitos, como decía Gustaw Meyrink implican “Que hay que aprender a ver con ojos nuevos las cosas viejas, en lugar de ver las cosas nuevas con ojos viejos, que es lo que ocurre”. Ojos nuevos son tus nuevos hábitos, fruto de nuevas conductas que han surgido de contrastar tu forma de cambio con diferentes tipos de interlocutores en tus conversaciones para cambiar.

En fin, todos debemos pensar frases, conversaciones, conductas y hábitos nuevos para este año 2015. Más allá de filosofías baratas hay que bajar a tu realidad y empezar a hacer cosas nuevas si queremos que el año sea diferente. Yo ya sé que voy a cambiar en este año, en muchas cosas, pero entre otras: ¿empezar a decir menos la palabra cambiar?, ¿cambiar y hablar menos de cambiar? Como dice el casposo Torrente en su película: “Os creéis que lo mío era una película, pero en realidad es un documental de National Geographic”. Por favor, cambia tú, que a mí me da la risa.

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