Todo el mundo me dice que me reinvente, pero ¿Cómo?

Publicado en la Revista BAE

IDEACuando un verbo se pone de moda, se utiliza indiscriminadamente en todas las ocasiones. Incluso hace unos días en un polideportivo me dijo un entrenador ¿Qué tenía que reinventar mi cuerpo? Pero como me voy a reinventar si yo mismo no estuve en mi invención. Este verbo reinventar está de moda cuando alguien pide consejo sobre su futuro laboral, no es que esté mal pero creo que se ha convertido en una palabra muletilla para asesorar sin decir nada. Me gusta el término reinventarse porque tiene la fuerza de ser tú mismo el propietario de tu cambio, pero a su vez implica un cambio profundo porque no incide sólo en las formas sino también en el cambio del “ser” interno. Partiendo de mi interés por el término, lo que no me gusta es que el consejo o asesoramiento se autodefina sólo con el término. En sí mismo, decir reinventarse es no decir nada, ya que queda la pregunta difícil que es ¿cómo?
Es ahí donde los coachs de empleo debemos insistir más, y es en este término donde debemos agotar las ideas y no las buenas intenciones. Todos sabemos que el querer cambiar es el artículo del cambio pero el cómo cambiar es el adjetivo que la define ¿cómo me reinvento? Siguiendo a Enrique Rojas que nos indica que “el trabajo profesional es uno de los pilares sobre lo que se edifica la autoestima”, debemos abordar la reinvención como un trabajo profesional en sí mismo, huyendo de cambios “iniciáticos” fruto de una conversión pseudoreligiosa. Profesionalmente hay que abordar cuatro dimensiones y/o perspectivas de nuestra reinvención:

1.- Enfóquese. Para reinventarse hay que poner foco en primer lugar en lo que se quiere ser. Muchas veces partimos del realismo de lo que podemos ser sin atender en la fuerza de lo que queremos ser. Este es el momento de meditar en lo que queremos ser. Sin soñar lo que queremos ser no podemos cambiar. Necesitamos maquetar y visualizar nuestro cambio. Hay un libro de Suzy Welch (“10 minutos, 10 meses, 10 años”) que nos permite analizar como una decisión impacta en nuestra vida ya (en 10 minutos), en los próximos días (en 10 meses) y en nuestro futuro (en 10 años). Esta visión triple nos permite ver las dificultades de la reinvención pero a su vez enmarca el impulso que tiene que hacerse. Sacrificar tus próximos 10 minutos para tu profesión dentro de 10 años es un ejercicio de enorme salud mental. Y es muy adecuado analizar el impacto social de tu reinvención, porque ahí  tu fortaleza se encuentra no en tu querer sino en los obstáculos sociales a tu querer. Karl Marx lo decía:”No es la conciencia de los hombres la que determina su existencia, sino que, al contrario es la existencia social la que determina su conciencia”. Nuestro cambio no es un asunto personal sino ante todo de impacto social, a tu pareja, en tu familia, en tus amigos, en tu tramo social. Querer cambiar necesita de la fuerza de visualizar (e incluso idealizar) tu meta final. Sin poner foco en el futuro nadie se motiva a reinventarse. Es importante no empezar con el realismo de lo que podemos hacer, pues las limitaciones familiares y sociales pueden distorsionar nuestro verdadero querer. Siempre recordaré la autobiografía de Francisco González Ledesma, gran escritor barcelonés, que en su libro “Historia de mis calles” nos cuenta como con 40 años (1966) decide dejar su trabajo de abogado laboralista con un importante salario y estatus y con una familia de dos niñas y un tercero en camino, decide ser periodista, pero lo que le motivaba era como se visualizaba como escritor de novelas negras. En 1984 ganaba el premio Planeta con su novela “Crónica sentimental en rojo”. La reinvención necesita del foco del querer ser.

2.- Autoanalícese. Tras poner el foco y tener claro nuestro futuro profesional, es el momento del realismo ¿Cómo podemos conseguir nuestros objetivos? Debe ser la pregunta, no caer en una visión más reduccionista que sería ¿Qué puedo conseguir con estas capacidades? No se trata de poner la fuerza en nuestras características personales, sino conocerlas para forzar conseguir nuestro foco futuro.

Nuestra vida no es una novela negra Whodunit (Quien lo hizo) sino más bien una novela de “Cómo lo hizo”. Para este autoanálisis hay que utilizar las enseñanzas de la psicología positiva, es decir, analizar tus competencias, valores y logros vitales desde la triple perspectiva:

I.        Puntos fuertes: No me vale centrarme en las carencias sino más bien en las fortalezas. En lo que he sido fuerte para crecer sobre ellas. El realismo debe basarse en el optimismo posibilista de poder conseguir nuestro objetivo. Porque sin el foco del objetivo podemos encerrarnos en nuestro propio juguete que es nuestro perfil laboral actual. Lo que nos hizo triunfar históricamente nos dará fuerza para reinventarnos pero no debe oscurecer nuestras posibilidades de cambio.

 II.        Resiliencia: Es decir, la fuerza de nuestro hacer ante las adversidades que van aconteciendo. Nuestras reacciones frente a los infortunios, sinsabores y desgracias que acompañan a nuestras biografías. La fuerza de nuestra resistencia personal.

III.        Valores compartidos: No sólo nuestras mejores capacidades y nuestra capacidad de superar los obstáculos es buena para nuestro futuro laboral, también los valores fraguados en nuestro hacer y compartidos con otros entes sociales importantes en nuestra vida. Compartir valores nos permite tener la fuerza de la certeza del grupo frente al valor exclusivo de tu individualidad.

Con estos tres ejes hay que analizar tus capacidades con un doble consejo que siempre aconsejo en esta fase. La idea de los “momentos”, no hay mejor momento para el cambio que el actual, pues como decía Goethe:”La ventaja se la lleva aquél que aprovecha su momento oportuno”. Y un momento es oportuno porque necesitamos poner la fuerza para hacerlo oportuno. Y en segundo lugar, el valor del cambio, cuando nos ponemos a cambiar nos hemos puesto, por tanto, debemos aceptar el principio de Stendhal: “Querer es tener valor de chocar con los obstáculos”, estamos chocando con los obstáculos para crecer sobre ellos.

3.- Haz tu mapa. Me encanta hacer un mapa vital, como cuando planificas hacer el Camino de Santiago. Sé donde quiero ir y en que me puedo basar pero debo racionalizar mi esfuerzo, pues el cambio es un camino en el cual vamos cambiando. Muchas veces me pregunto porque he cambiado tanto en mi vida y siempre digo que mi reinvención han sido lentos caminos de cambios. Caminos pensados, planificados con antelación pero, ante todo, bien reflexionados por sus metas y mis capacidades. He soñado y he analizado mis capacidades continuamente para poder reinventarme continuamente. Lo importantes es el “mapa vital” que te propongas. Mapear tu vida consiste en ponerte etapas, en las cuales debes ver determinados paisajes, sentir determinadas emociones y servirte para analizar diferentes pensamientos. El proceso de cambio como un camino descriptivo de nuestros mapas personales que estamos descubriendo con nuestras decisiones y destinos. Y no olvidemos al maestro Deepak Chopra cuando dice la gran idea:”Tú eres lo que estás buscando”.

4.- Hacer y deshacer. Con meta, mochila y mapa sólo queda andar para conseguir acabar el itinerario. Y esto implica hacer cosas, no sólo pensar, probar, y por tanto, equivocarnos y acertar. Es muy útil pensar en la necesidad de hacer para conseguir, sino tomas decisiones no consigues reinventarte. Ahora es importante tener la reflexión de cambiar si te equivocas. Tan importante es hacer como deshacer. Deshacer porque te has desviado de tu mapa y, a veces, no te has dado cuenta. Como decía el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt:”Nuestro país necesita, y a menos que yo juzgue mal su carácter, investigación audaz y constante. Es de sentido común adoptar un método y probarlo: si falla, admitirlo francamente y probar otro. Pero, sobre todo, probar algo”. Probar, o lo que llamo “psicología del intento”, pretende no quedarnos parados por los fallos, obstáculos, retrasos y sinsabores que el destino nos depara en nuestro cambio. Todo cambio tiene actores secundarios que influyen en la acción, pero siempre surge el protagonista de tu cambio que es tu puderoso y poderoso yo.

¿Reinventarnos? No es una utopía es algo que hacemos a menudo pero no conscientemente. Necesitamos tener claro que hay que tener una meta (poner foco), conocer tus fuerza internas (autoanalizarte), diseñar tu mapa de cambio (mapear) y probar haciendo cosas (hacer/deshacer). Y para terminar, dos reflexiones finales. En primer lugar la aplicación de la teoría de los cisnes negros (Nicholas Taleb) a nuestra reinvención laboral, como sabéis a menudo confundimos lo altamente improbable (que exista un cisne negro) con lo imposible (como si no existieran los cisnes negros). En nuestra reinvención laboral hay que forzar la realidad a lo improbable pero sabiendo que no lo podemos hacer a lo imposible. Las utopías son inadecuadas cuando se trata de ponerse a cambiar porque nunca podemos conseguirla. A mí me gustan los retos, de harta dificultad, pero conseguibles por mi desarrollo futuro. Y en segundo lugar, valorar que cualquier reinvención es difícil de conseguir, lo fácil no es retador y la dificultad de la meta, el nivel de cambio de mis competencias, y lo tortuosos del camino que describe el mapa de mi cambio son variables normales en las reinvenciones profesionales. Pues nuestro filosofo de alcoba Groucho Marx lo decía: “¿Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero? ¡Pero cuestan tanto!” Reinventarse es fácil de decir, difícil de hacer pero ante todos es muy emocionante al conseguirlo. Emociónate y cambia reinventándote.

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