Síndrome Knowmads: En tiempos de trabajo continuo

Es habitual que nos encante tener la comodidad de trabajar en sindrome_knowmadcualquier sitio y a cualquier hora sin pensar, pero esta libertad es nuestra propia esclavitud. El nuevo ecosistema de trabajo (tecnología masiva) y la deslocalización del puesto de trabajo nos destaca como una conquista social cuando no es más que un continuo grillete de dedicación. Yo todavía me acuerdo de viajes en tren donde conversaba con el vecino de asiento, hacías amistades y no te encerrabas en la contestación del mail y en whastappear memeces a otros esclavos tecnológicos o a hablar por móvil con estentóreo volumen.En vez de conocer nuevas gentes y practicar el noble arte de la conversación nos encerramos en bucles de conversación superficial con el colega del smarthphone o con tu replicante habitual. La utilización del concepto de trabajo continuo como una ventaja se está convirtiendo en el objeto de adicción favorito. Tengo que contestar los mails inmediatamente, o estar pendiente de mis grupos de whatsapp, o de enviar un trabajo antes de mañana. La libertad de comunicar nuestro trabajo provoca tiempos de trabajo inverosímiles.

El síndrome del Knowmad se basa en la máxima de pensar que tener la posibilidad de trabajar cuando quieras genera mayor felicidad. La felicidad no está asociada a la forma de trabajo nómada que podemos hacer, sino a tu capacidad de gestión del tiempo. El nivel de madurez como profesional está en el manejo del tiempo de trabajo, en un momento en el que no hay horarios sino libertad de dedicación. Me encantaría trabajar algunas ideas preestablecidas que se están convirtiendo en usos y que deben analizarse para ser un buen knowmad y no caer en este síndrome empequeñecedor:

1.- Tú no eres el dueño del tiempo de los demás. Te acabo de enviar un mail ¿qué me dices? Tu libertad de emisión del mail en el tiempo y lugar que quieras se convierte en la esclavitud del que te tiene que contestar.

El concepto de “empatía tecnológica” habría que extenderlo en multitud de jefes que creen que enviar un mail implica hacer las cosas, o que un domingo por la tarde es un tiempo ideal para que te den una contestación tus colaboradores. Nadie puede impedir tu libertad de emisión, pero igualmente debes tener que pensar que tu colaborador tiene la libertad de contestar cuando lo consideres. No se trata de restringir horarios como tratan de hacer los franceses sino de educarnos en el arte de dar sin esperar recibir. Como decía Kierkegaard: “La puerta de la felicidad se abre hacia adentro, hay que retirarse un poco para abrirla, si la empujas la cierras cada vez más”, la libertad de tiempos de trabajo se puede convertir en esclavitud si creas la obligación de la contestación. No se trata de impedir a los jefes o compañeros que te envíen la información sino que estén educados en atemperar sus necesidades de contestación inmediata. Y manifiesto, como Susan Sontag que nos decía: “Lo que fue banal puede, con el paso del tiempo, llegar a ser fantástico o fatal”.  Tu tiempo no es el tiempo de los demás, y tu forma de gestión no debe predisponer a pensar que es el tiempo que deben utilizar los demás.

2.- Disponer de la tecnología no implica utilizarla. Si ponemos medios para que la gente pueda trabajar con libertad no debemos restringir su uso como obligatorio. Encerrar el medio de trabajo como el fin es una visión habitual de considerar la tecnología como un valor compensatorio. Los flamantes smartphones y los sofisticados CRM que te encadenan en tus respuestas, más que darte capacidad te generan ladrones de tiempo. Si tienes 20 grupos de proyectos en el whatsapp que contestar, hacer cinco twitter por la mañana, publicar dos artículos en Linkedin, y además contestar a todos los mails del día ¿Dónde están tus ventajas? Encerrarnos en la tecnología es generar un ecosistema de deberes más intensivo en tiempo, eso si lo puedes hacer tomando una cerveza aunque no disfrutes de ella. A veces pienso ¿trabajo más cuando estoy de viaje que cuando estoy en la oficina? O ¿simplemente mis balances vitales son peores porque tengo yo la responsabilidad de mi tiempo de trabajo? De aquí surge una forma de pensar llamada “Slow technology”, que se trata de utilizar adecuadamente la tecnología al momento y, sobre todo, a tus balances vitales. No se trata de ser un beligerante antitecnología que no lleva a nada por la configuración del trabajo actual sino un profesional que disfruta de la tecnología. Saber utilizar la tecnología y dedicar sus tiempos pausados y personales en trabajar no implica mirar obsesivamente tu smartphone cada media hora. La tecnología es un medio donde se demuestra tu capacidad para gestionar tu tiempo. Como decía Kant: “Solo puedo sentirme obligado hacia los demás en la medida en que me obligo al mismo tiempo a mí mismo”. El mensajero (la tecnología) no es el problema sino tu incapacidad para gestionar tu tiempo. Todavía recuerdo aquel turista (que no viajero) que ante una puesta de sol en Venecia junto a su pareja, estaba haciendo una infografía y se perdía el paisaje y la sonrisa de su amor. Igual que el selfie condiciona tu forma de mirar (ves pero no miras) tenemos a la persona con síndrome Knowmads que en vez de trabajar solamente despeja la información.

3.- Centrarse en lo esencial y evitar lo superficial. La posibilidad de contestar a todo genera tiempos de trabajo intensivos. Parece que un mail no es contestado si no dices que lo vas a contestar aunque no sepamos todavía que le vas a contestar. Entramos en bucles de superficialidad de información del trabajo; frente al spam comercial habría que introducir un botón de pánico para desmoronar el spam comunicacional. Las personas que tienen el síndrome Knowmads no saben utilizar “el silencio tecnológico”, no comunica quién más dice que está comunicando sino el que sabe utilizar sus silencios tecnológicos. Siempre recordaré la frase de George Ward: “El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas”. Ajustar las velas es pensar las contestaciones, mirar alternativas, y no convertir una decisión empresarial en un diálogo de adolescentes con subida hormonal que son algunos whatsapp de trabajo. La tecnología posibilita el spam conversacional y nos evita centrarnos en lo esencial, y no es un problema de número de caracteres, se puede ser muy superficial en 140 caracteres y muy profundo en 2 caracteres o en 300 caracteres. Habría que hacer un análisis de la inutilidad de la utilización de la tecnología como medio que se convierte en contenido. Hay un adagio anónimo que leí en un libro italiano que yo suelo emplear para explicar la superficialidad que nos posibilita la tecnología, decía: “El placer de una persona inteligente es aparentar ser un idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente”. Estas conversaciones de besugo son habituales en entornos donde la tecnología es tu uso habitual para ejercer el encanto de aparentar saber o ser.

4.- La delgada línea entre ser un “tecnogañan” y la falsedad tecnológica. Pensar que el trabajo es mejor o peor según el nivel de utilización tecnológica o la rapidez de respuesta es confundir valor con precio como decía Machado. El uso de la tecnología como medio no implica ser un “tech” de estar a la última, el dominio de la tecnología no es lo fundamental de la tecnología. Ser un “tecnogañan” es una actitud huidiza a la realidad, pero igualmente, ser un sibarita tecnológico que destaca por estar a la última moda, pero cae en la mala educación tecnológica. El civismo tecnológico trata de configurar la tecnología como un dominio social y evitar que la naturalidad y la sinceridad imperen en un mundo de relaciones sociales establecidas. Nadie es más simpático pero ser un sincericida guardado en la frialdad de la tecnología. Estamos de acuerdo que el mundo del trabajo es más informal que antes, pero debemos respetar al otro como norma social básica. Y la relajación tecnológica de poder no mirar a los ojos cuando pones una comunicación, hace caer en mensajes hirientes y de diferentes interpretaciones. No todas las personas disponen de claves interpretativas de lo que se quiere decir y aún si están en ámbitos diferentes a un entorno de trabajo más normalizado.

La sinceridad puede ser asesina sino se combina con la humildad y la honestidad. El síndrome del Knowmads se centra en comportarse como uno es pero no en como uno cree que debe comportarse. Aquí la delgada línea entre la falsedad o impostura que se guarda en la tecnología hasta el gañan que uno es independientemente de que utilice el twitter para decirlo. El gran psicólogo Daniel Kahneman nos dice que “un aspecto sorprendente de tu vida mental es que casi nunca te quedas sin palabras”, pensar en palabras o mejor dicho, no poder pensar sin palabras encadena al profesional a gestionar adecuadamente el contexto de la comunicación. El entorno tecnológico necesita de la comprensión emocional, y si no, porqué surgen los emoticones por la imposibilidad de que los mensajes se entiendan sólo con palabras. En el trabajo las relaciones personales son necesarias más que la lógica de lo manifestado.

5.- Y, por último, la aceptación del error. Decía Bill Vaughan: “Errar es humano, pero para estropear las cosas de verdad necesita de un ordenador”. Un error necesita de hablarlo y, a veces, sustituimos el poder mágico de una conversación catártica con multitud de justificación a través del mail. Aceptar que el lenguaje hablado, la cercanía y el contacto visual son fundamentales para explicar y contextualizar nuestros errores de trabajo. Ocultarse, es una verdadera enseñanza de la experiencia en la tecnología, en la distancia y en el trabajo desubicado para tapar nuestros errores se nota demasiado. Hay gente que acepta el trabajo actual como una ventaja para evitar “encajar” los errores, fracasos e incluso las maldades propias de todo trabajo. La tecnología nos da libertad pero nos lleva a pensar de una forma determinada. Decía Francis Blanche: ”En un mundo en constante movimiento es siempre preferible pensar el modo de cambiar que cambiar el modo de pensar”, aceptar el smartworking no implica dejar de ser responsable de tus errores y asumir que el trabajo es una obra social. El aislamiento y vacuidad de las relaciones personales debe sustituirse con mayor comunicación grupal y telefónica. Estar conectado no sólo tecnológicamente, sino también personalmente. Ser un Knowmads debe implicar cambiar el modo de pensar y no pensar el modo de cambiar. Las 3H (humildad, honestidad y humanidad) no deben olvidarse en el entorno de trabajo interconectado y globalizado.

En fin, que ser un Smart Worker no implica caer en el síndrome del Knowmads donde se vuelve al individualismo del nómada frente a la socialización de los pueblos agricultores. Cultivar es un verbo social frente al nomadismo actual. Por tanto, cuanto más se trabaja a distancia más necesitamos sentirnos miembros de una red, una cultura y unos valores. Estos valores deben guiar nuestro comportamiento teniendo empatía tecnológica, practicando el “slow tecnológico”, gestionando los “silencios tecnológicos”, teniendo civismo en el trabajo a distribuir y aceptando el error como medio de aprendizaje. No se puede caer en este síndrome ya que implica aislamiento, adicción, superficialidad y guardarse en el cambio para no ser persona. Recomendaría a todos los que utilizamos la tecnología como medio de trabajo escuchar canciones de Leonard Cohen y, principalmente, dos de sus frases más esclarecedoras, una dice: “Aunque estoy convencido de que nada cambia, para mí es importante actuar como si no lo supiera”, el ser humano tiene los mismos valores pero siempre que trabajo pienso que puedo cambiarlos y, por último dice en otra canción: “Actúa de la manera en la que te gustaría ser y pronto serás de la manera en la que actúas”. Hacer es la explicación de tu ser, por tanto, me niego a cambiar mi ser sino me comporto como quiero ser. Las nuevas formas de trabajo no evitarán que busque la sonrisa como expresión de mi éxito profesional.

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