Síndrome Homer Simpson: insatisfacción, escaqueo y sobrepeso

homerEste síndrome se refiere a los altos niveles de insatisfacción con el trabajo que uno realiza y también a las conductas de evitación que se efectúan a través del escaqueo y que provocan desordenes psicosomáticos. Como sabemos que Homer Simpson está en un continuo bucle de insatisfacción laboral y de trastornos alimentarios asociados, que provocan insatisfacción a muchos trabajadores en la actualidad.

Uno de los principales problemas actuales de la empresa es la alta insatisfacción laboral agravada por la flexibilidad salarial, por el sentimiento de privilegio por tener trabajo y por la escasez de ofertas en el mercado laboral. Estas “cárceles doradas” que son los puestos de trabajo actuales conllevan unas características de mayor desasosiego ya que encima no se puede protestar. Como decía un amigo Director de Recursos Humanos nunca hemos obtenido mejores datos en las encuestas de clima laboral, pero a la vez tenemos realmente más insatisfacción laboral, es decir, menos no lo creemos. Estamos insatisfechos pero no podemos protestar, porque hay una serie de frases asesinas que emergen en el momento de hablar: “Con el frio que hace fuera”, “Quién cae en el desempleo no encuentra trabajo”, etc. Con este panorama de callejón sin salida, donde los sindicatos han pasado de ser un contrapoder a ser un gestor de penurias, donde la formación y el desarrollo se consideran un lujo extemporeo y que para estar motivado hay que venir con la sonrisa puesta de casa ¿Qué podemos hacer? Parafraseando a Platón, la obra maestra de la insatisfacción es parecer que estás motivado sin estarlo, y para saber qué podemos hacer posibilistamente debemos analizar sus efectos psicosomáticos como son los niveles de estrés, sobrepesos y otros efectos físicos y mentales.

En un primer lugar, hablamos del escaqueo, que a todos los que tenemos una determinada edad nos recuerda a la “mili”, donde lo ideal era parecer laborioso externamente pero en el fondo pasar de lo que había que hacer. El escaqueo es un arte en las grandes Corporaciones y/o Administraciones Públicas, pero su principal peligro no está en la intensidad del trabajo sino en la poca calidad que supone un entorno de insatisfacción laboral. La actitud del escaqueo encierra una sutil venganza, expresada por aquel sindicalista que me decía en una mesa de negociación: “Me engañaréis en el salario, pero no en el trabajo”. Pero, además, esta venganza por la insatisfacción no debe notarse porque el miedo a la pérdida del trabajo es helador. En esta encrucijada vital se encuentran muchos trabajadores que canalizan su desazón con la astucia del pícaro español de la Edad Media. La picaresca laboral no se centra en escalar a roles de dirección, porque poco puede aportar tener un mando en un entorno de continua insatisfacción sino más bien en que no se note la propia insatisfacción y tener una alta reputación laboral. El concepto de reputación laboral preocupa tanto que implica no arriesgarse con innovaciones o proyectos de riesgo de prestigio personal. Como decía Tolstoi: “Las familias felices (los trabajadores satisfechos) se parecen, y las infelices (los trabajadores insatisfechos) tienen su propia manera de serlo”, y quien no adopta una actitud de escaqueo presenta ciertas conductas de evitación. Conductas como la exaltación del ocio (hay que destacar el auge de la práctica de los ocios más diversos) o como la entronización de la familia, hay una investigación de la Universidad de Chicago en relación al incremento de fotos familiares en las oficinas en épocas de crisis son sintomáticos del nivel de insatisfacción laboral, pero sin duda las conductas más preocupantes son las relacionadas con el cuerpo, desde la vigorexia con la que algunos intentan compensar su vacío laboral hasta las respuestas psicosomáticas, como nuestro Homer Simpson, de trastornos alimenticios, relaciones de pareja, y de conflictos generacionales, etc. Estos efectos deben conocerse pero ante todo deben servir para generar respuestas a la pregunta ¿Qué hacemos?

En un entorno de austeridad sobrevenida como es el actual no podemos plantear planes de enorme inversión, no sólo por su inviabilidad económica sino fundamentalmente por su validez ecológica: “Con la que está cayendo y nosotros…” para evitar estas frases dolientes debemos pensar lo que decía Ortega y Gasset con esta inmejorable frase para épocas como la actual: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”, es decir, lo primero es asumir la insatisfacción. Las personas que se escaquean no son conscientes de que es la insatisfacción la que genera precisamente su astucia vital para hacer pensar que tienen mucho trabajo. El escaqueo actual no es  tan vistoso como el de Homer Simpson en la planta nuclear sino más enmascarado. Utilizar las copias de mail para divulgar tu actividad (la dictadura de la copia “infoxicadora” a los jefes), o utilizar las conference call como disculpa para tomar decisiones con el mantra de la visión compartida, es decir, el escaqueo se ha digitalizado. Este escaqueo 2.0 hay que describirlo para hacer consciente al trabajador de su nivel de insatisfacción. Tras la conciencia de esta situación, tenemos que generar un plan de bienestar personal. Los planes de bienestar personal proporcionan a las personas herramientas psicológicas para superar esta situación de insatisfacción. Todo el mundo en esta época necesitamos reinventar nuestro bienestar, pues ya lo decía el empresario Juan March: “Todo hombre tiene un precio, y si no lo tiene, es que no lo vale”, aunque yo lo transformo aplicándolo al bienestar, todos tenemos necesidad de tener bienestar, y el que piensa que no necesita de bienestar se está autoengañando en su valor personal. No es el momento de convertirnos en un “workalcoholic” por la falta de satisfacción laboral, sino de la templanza laboral asumiendo la insatisfacción coyuntural. Esta templanza laboral que reivindico se centra en la profesionalidad, el trabajo bien hecho per se, en la satisfacción centrada en tu tarea y, sobre todo, en tu equilibrio personal que necesita de tu bienestar. Apostar por tu bienestar implica superar los niveles de insatisfacción laboral con una apuesta positiva y no poniendo foco en conductas de escaqueo, que solo exaltan la sentencia de Jean de la Fontaine: “Engañar al que engaña es doblemente entretenido”, porque al final a quién se le engaña es a uno mismo. Las conductas de evitación implican un autoengaño personal. Los planes de bienestar personal se basan en difundir herramientas sensibles como saber relajarse (mindfulness), ó saber poner foco vital (focusing), ó saber de motivarte, ó saber gestionar el estrés, en fin buscar tu templanza laboral.

Estoy seguro que daría para varios episodios de los SIMPSONS ver a Homer Simpson buscando su bienestar. Pero estoy seguro que su voracidad mórbida, su relación familiar y, sobre todo, su afán personal cambiarían. No creo en empresas llenas de Homer Simpson como consecuencia inevitable de esta indómita crisis, sino más bien en personas conscientes de la situación, que con realismo apuestan por su salud (no hay salud física sin salud psíquica) y que, ante todo, sean personas en búsqueda de su equilibrio personal.

Para terminar, me gustaría destacar la labor terapéutica de los Simpsons, al ser reflejo de trastornos conductuales tan claros que nos posibilitan saber lo que no queremos ser. Como dicen muchos sociólogos americanos, los Simpsons se están constituyendo en un recurso pedagógico muy valioso, a través de la ironía se expresa lo caricaturesco de lo grotesco. Pero antes de los Simpsons ya lo decía nuestro querido Cervantes que utilizando la figura irónica del Quijote y Sancho Panza nos ha servido durante siglos para estereotipar al ingenioso no pragmático y al realista sin ambiciones. Y, que mejor que acabar con una frase de Cervantes, que en mejor castellano de lo que podría haber dicho Homer Simpson en su macarrónico ingles nos dice: ”Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas”. En tiempo de sequía de esperanzas por lo menos tenemos la templanza de ser una persona en bienestar consigo misma. Os lo juro, no hay mejor misericordia que dedicarte a ser mejor persona en tu entorno laboral.

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