Pienso luego intuyo

La investigación psicológica ofrece escasas pruebas de que las decisiones complejas serán mejores que las sencillas. De hecho, cada vez hay más resultados a favor de que en numerosas situaciones, las decisiones “relámpago” son más adecuadas que otras más elaboradas.

Lo observamos en el libro “Blink” de Malcom Gladwell, que en una entrevista en prensa insistía en la bondad de las soluciones sencillas tomadas en base a información e inconvenientes.

En esta crisis (ó como se dice popularmente CRISÓN) es habitual buscar complejas soluciones por desconocimiento del entorno. En momentos de transición de carreras personales con personas centradas en el análisis (por el análisis a la parálisis) y absortas en la búsqueda del Santo Grial de la solución,  al aumentar la complejidad de las decisiones crece también la presión ejercida sobre tales recursos, la calidad de nuestras decisiones descenderá a medida que su complejidad sea mayor -nos dice AP Dijksterhuis de la Universidad de Amsterdam-.

En consecuencia, no podemos desprender que la reflexión racional sobre la solución óptima sea aparte de la mejor calidad de la decisión e igualmente, no podemos descartar que soluciones como “dormir con el problema” sean malas tácticas para resolver adecuadamente un  problema.

Estos autores holandeses han hecho experimentos para elegir el  coche de tu vida con nuevas disonancias cognitivas (un palabro de la psicología que se refiere al pensamiento que nos hemos equivocado después de haber elegido un bien) y  observamos que la amplitud de criterios de reflexión correlacionan con el nivel de satisfacción de la elección. Cuando las personas tenían sólo cuatro criterios para elegir un coche, solían hacerlo sin reflexionar y se equivocaban, es decir, tenían una disonancia cognitiva; en cambio, cuando tenía doce criterios tendía a hacer una elección con complejas valoraciones y también se equivocaba. En conclusión, cuando el entorno es complejo hay que simplificar los criterios de elección y aunque una reflexión consciente favorece las decisiones sencillas evitando caer en ideas preconcebidas, con decisiones más complejas sucede lo contrario, no merece la pena dar muchas vueltas a problemas complicados.

En los procesos de Coaching y Outplacement que llevamos a cabo desde BLC Human Coaching y Reskilling hemos detectado que frente a una crisis compleja creces en el error de incrementar los análisis racionales que sobrepasan nuestras facultades cognitivas, al final no sabemos cómo tomar una decisión idónea. Para estas personas que están en transición de carreras hemos sintetizado nuestra forma de buscar soluciones vitales en momentos complejos y que son:

  1. Cuanto más complicada es una decisión, menos requiere una larga reflexión (avalado por muchos estudios)
  2. Procesamos inconscientemente mucha más información cuando “vivimos” el problema que cuando empleamos activamente nuestra racionalidad para reflexionar.
  3. Los tres pasos para decidir son: Pensar racionalmente sobre el problema; Retrasar la decisión y al final, hacer caso al sentimiento.
  4. Las soluciones se deben basar en tu conocimiento y experiencia. Tu solución es la mejor para ti.

No olvidemos que los problemas tienen soluciones sencillas porque nosotros necesitamos de la simplicidad para ilusionarnos. Lo simple no es sinónimo de irracional, lo simple tras una reflexión abierta, con un tiempo de reposo permite aflorar una decisión que surge del inconsciente y que suele compaginar con nuestro estilo de trabajo. No busques soluciones de “Harvard” sino más bien debemos intuir la solución adecuada a tu forma de pensar.

Para acabar, vamos a contar un cuento de la sencillez como elemento básico de la solución de problemas complejos. En Gordión (Frigia), allá por el siglo cuarto antes de Cristo, había una carreta de bueyes atada a un poste con un nudo muy complicado, se decía que las primera persona que logrará deshacerlo se convertiría en el rey de Asia. Nadie fue capaz de ello, ni adivinos venidos de cualquier sitio con complejos aparatos, ni magos con pócimas y se generó hasta un ritual donde candidato a candidato iba demostrando una panoplia de soluciones fruto de sesudos análisis. Hasta que llegó Alejandro Magno que no perdió el tiempo en muchas reflexiones, sino que sacó su espada y cortó la soga de un solo tajo, marchando después a conquistar Asia. Desde entonces, el acervo popular nos ha enseñado que una solución sencilla de un problema que parecía irreversible se consigue con un corte intuitivo del “nudo gordiano”.

No convirtamos nuestros problemas en “nudos gordianos” y practiquemos desde nuestra experiencia la gimnasia de la intuición. La importancia de una solución sencilla es tener la lógica de lo simple al escuchar nuestro sentimiento. Pienso, luego intuyo.

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