El síndrome TINTÍN: el optimismo inteligente

tintin_curiositPara un Tintinologo declarado como el que escribe, este síndrome le produce siempre una sonrisa explicita. El síndrome Tintín, como el personaje de Herge, se refiere a aquellas personas que irradian su optimismo en su quehacer diario y, con mucho sentido común, expresan los sinsabores de  la situación con verbos de acción. Tintín es el personaje que más actúa, hace y piensa en positivo, no deja de intentar las cosas por mucho que oiga ecos de desánimo a su alrededor.

Creo que es un tributo intelectual la figura de Tintín porque representa a este tipo de persona actual que arrastra  a sus grupos a superar la situación. Superar significa ir más allá de la supervivencia, se plantea hacer cosas nuevas para obtener resultados diferentes y, ante todo, pone una sonrisa y una esperanza con indudable energía en busca de las soluciones.

No creo en la fuerza del pesimismo, sino en el ímpetu optimista matizado por el raciocinio de nuestro sentido común. Ya lo decía Epicuro: “No es el joven quien debe ser considerado afortunado sino el viejo que ha vivido bien y que quiere seguir siendo joven”. Hay multitud de personas que tienen el impulso “mental” de Tintín y se esfuerzan diariamente en alimentar sus ilusiones con nuevas ideas. O no son tintines el Papa Francisco, el telegénico Obama o el bienamando ausente Mandela. Imprimir la energía del optimismo no supone obnubilar el sentido común, pues ya lo decía Don Quijote (otro sabio Tintín): “Porque no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad”. El sentido común es el verdadero sexto sentido de las ciencias ocultas. Muchas veces pienso en ¿Qué haría Tintín dirigiendo una empresa?, y a lo largo de estos años he encontrado verdaderos “tintines” empresariales con una serie de características que coinciden con las que el diseñador Paul Smith ha presentado en su exposición sobre el mundo de la moda en el Museo de Diseño de Londres. En esta muestra Paul Smith da los cinco consejos o pistas para ser creativos que a mí se me antoja que Tintín asumiría como propias y que los directivos con este síndrome suelen tener:

1.- Empieza algo nuevo. ¿Cuándo fue la última vez que empezaste a hacer algo nuevo? El vértigo de entrar en una zona de aprendizaje sin más herramienta que tu saber y tu querer. Empezar algo diferente no sólo es una actitud optimista sino fundamentalmente inteligente. En lo nuevo estará el futuro ya que el presente se debate con nuevos paradigmas donde no nos sirve nuestra experiencia previa. Mi abuelo llevaba las ovejas a aquellos prados que en la época del año su propio abuelo le había dicho que era lo mejor, hoy día mi primo mide el ph de la hierba y según las previsiones meteorológicas de su móvil decide donde llevar a las ovejas a pastar. En fin, lo nuevo basado en la interpretación que da nuestra experiencia siempre es una grata ocasión para ser optimista e inteligente. Lo nuevo es vital porque cambia tu entorno, hacer algo diferente generar unas nuevas condiciones de competitividad. Como decía Ortega y Gasset cuando decía “La vida es, esencialmente, un dialogo con el entorno”. Si hacemos algo nuevo cambiamos el dialogo con nuestro entorno, por tanto, generamos una nueva realidad. Tintín era un verdadero campeón de la novedad, no le asustaba ser aprendiz en cada momento. Ser aprendiz es la actitud fundamental para aceptar el cambio que te produce lo nuevo.

2.- No puedes hacerlo hasta que te pones a ello. Este consejo para creativos de Paul Smith es un canto al hacer más que al pensar. Pensar hacer es un prólogo, pero la novela es el hacer, donde se aprende y donde nos equivocamos. Ponerte a hacer es una actitud vital de un optimismo racional, probar es un verbo de acción que puede acabar en el error pero siempre acarrea aprendizaje. Prometer hacer es un estadio de palabras y no de hechos. Ya lo decía Quevedo: “A las promesas miró como a espías“. Hablar es un mal común en este momento de crisis, donde el hacer es la única oportunidad de cambiar dicha realidad. Hacer por hacer no es el sentido de nuestro Tintín sino hacer para saber hacer, es decir, aprender y reflexionar de nuestro hacer sobre lo nuevo. El pánico al error o el miedo a la vergüenza a equivocarse son sentimientos pesimistas, porque suponen ya el error y la equivocación. El optimista no piensa en el fracaso y si sucede racionaliza a través del aprendizaje que le ha supuesto, pero no se lleva las manos a la cabeza y se reprocha el haberse puesto a hacer. Con muchos Tintines habría más errores pero también más aprendizaje que pudiese servir para un futuro hacer.

3.- No se trata de trabajar muchas o  pocas horas. Se trata de trabajar cada hora. Con un trabajo configurado por una tecnología deslocalizadora no podemos pensar en tiempo de trabajo. El concepto horario responde a una visión funcional del trabajo. El trabajo no es un tiempo es un hacer y, por tanto, es tu nivel de responsabilidad personal y de empowerment el que determina tiempo a trabajar. Esta concepción continua del trabajo debe basarse en la confianza y, ante todo, en la capacidad productiva de cada persona. Trabajar como si fuese una actividad propia de tu quehacer conlleva una visión optimista de la realidad. El trabajo no es una condena sino un espacio de expresión personal. A las personas con Síndrome Tintín se las reconoce por su actitud para reconocer el trabajo como un fin en sí mismo y no como un medio. No se trabaja para vivir, sino que en su concepción de vida el trabajo es su principal variable explicativa. Y parafraseando a Marcel Proust:” A veces estamos demasiados dispuestos a creer que el presente (el horario) es el único estado posible de las cosas”. Trabajar no es una carga, como bien expresaba Tintín, y para él ser reportero era su forma habitual de entender el mundo. El futuro del trabajo flexible es el presente tecnológico y, por tanto, el empleado 3.0 (en cualquier lugar, a cualquier hora) es una oportunidad para un optimista racional.

4.- Siempre hay espacio para romper las reglas. Tintín es el mayor ejemplo del heterodoxo dentro de la ortodoxia, sin romper la baraja crea nuevas reglas para jugar. Si hay negocios tan tradicionales como el circo (Cirque du Soleil) y las cafetería (Starbucks) han cambiado sus reglas sin olvidar sus esencias. Hay espectáculos circense, pero sin animales y con buen olor, y se prueba un rico café aunque tengas que servirte tú el azúcar y que conozca tu nombre todo el establecimiento. Romper reglas no significa romper tu identidad. Ya lo decía el actor Elliot Gould:”Nadie puede ser esclavo de su identidad, cuando surge la posibilidad de cambio, hay que cambiar para seguir siendo el mismo”. La creatividad de lo nuevo necesita nuevas reglas para entender la realidad. No podemos probar a hacer cosas nuevas con herramientas y formas de trabajar antiguas. Hay que crear nuevos métodos o como Tintín expresaba con el saber estar a la última para conseguir aquello que tenemos que obtener. Y, siempre recordar aquel pensamiento de Pablo Neruda: “Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños”. La actitud de romper reglas supone el optimismo de saber que vas a conseguir algo mejor. Sabemos que sin romper huevos no se hace una tortilla, y sin romper prejuicios, nuestro amado Nelson Mandela, no habría podido superar una guerra racista previsible.

5.- Tomaté muy seriamente el placer. Este último consejo de Paul Smith es el que más gustaría a Tintín. Su sonrisa permanente, su apertura a conocer nuevos amigos, a entrar en nuevos misterios y a agitar nuevas ideas y situaciones se basaba en una visión lúdica del hacer. Cuando a Mandela le preguntaron en una televisión americana porqué sonreía tanto, solamente balbuceo: “Porque sonreír es hacer sonreír al otro” La sonrisa es empática por naturaleza y junto al dar las gracias y pedir perdón son las tres conductas fundamentales de un optimista racional. Reírse de uno mismo, dar las gracias al que te ayuda y pedir perdón cuando te equivocas al aprender son conductas realistas y, ante todo optimistas. El placer de hacer lo que quieres hacer basándote en tu saber y con respecto a tu entorno social es una forma de actuación de Tintín. El Síndrome Tintín te genera una sonrisa continua por su actitud vital y nos dice que la negatividad no es seria, más bien es absurda racionalmente. Pensar en que vas a conseguir lo que te propongas es el primer paso para conseguirlo. Hay que huir de una visión reduccionista del placer, el concepto de placer debe residir en el balance diario de tus sonrisas, pues en el mismo día tenemos que convivir con momentos amargos para apreciar la propia felicidad.

En fin, Paul Smith con su experiencia de diseñador de moda resume los principios de la psicología positiva. Lo nuevo, el intento de hacer las cosas, la energía del trabajo como un fin, la creatividad en los medios para trabajar y el placer de trabajar son los principios para ser feliz en el trabajo. No me gustan los discursos pacatos de “Ser feliz” sin hablar de conductas concretas para ser feliz. No hay que hacer un panteísmo de la felicidad, la cual nunca será plena gracias a Dios. Hay que tener disconfort para apreciar el confort de estar feliz. No se puede ser feliz sino estar habitualmente feliz.

Y, para acabar, un anécdota de un guerrillero español en la Guerra de la Independencia, que ya lo hubiese hecho Tintín antes incluso de que Herge lo hubiese creado. Julián Sánchez “El Charro” capitaneaba un escaso número de guerrilleros que se enfrentó a todo un regimiento de Dragones Franceses que les quintuplicaban en número y aun así huyeron en desbandada. Cuando un general español le felicitó por la hazaña, le inquirió sobre si había tenido miedo o como se atrevió a tal locura, y Julián solamente dijo…:”No los conté, mi general”. Por muy grande que sea la dificultad no evitar presentar una sonrisa al destino, eso sí astutamente debemos reflexionar dicho destino con nuestro sexto sentido, el querido sentido común. ¿No es Tintín una sonrisa con sentido común?

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