El síndrome SISIFO: el volver a empezar continuo

sisifoA todos los directivos al empezar el año nos viene a la cabeza el mito de Sisifo, como metáfora del esfuerzo incesante para seguir compitiendo. Sisifo, en la mitología griega, fue condenado por los dioses a perder la vista y a empujar perpetuamente una enorme piedra cuesta arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, desde donde debía recogerla y empujarla nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente. Empezamos el año volviendo a empujar la piedra hasta la cima y luego se volverá a caer. Las alegrías y las tristezas de un buen o mal año duran poco, como decía un antiguo jefe: nada más que las navidades.

Si consigues buenos resultados enseguida se olvida porque hay que empezar de nuevo y si no han sido tan bueno siempre tenemos la suerte de volver a empezar. Volver a empezar es una situación mágica para renovar ideas, esfuerzos y, ante todo, ilusiones. Pero se encuentran habitualmente tres tipos de reacciones en el comportamiento directivo:

1. Aquellos que se regodean en el pasado año.
2. Los que sólo están contando en hacer en este año.
3. Aquellos que se obsesionan con el futuro.

Creo necesariamente que combatimos el síndrome Sisifo con una visión realista de los tres planos: pasado, presente y futuro. Como decía J. Thurker: “No mires hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo, sino mira alrededor con atención”. Las emociones no pueden impedir tener la suficiente sangre fría de hacer un buen planteamiento actual. Sin el sinsabor de la pasada crisis, pero sin la complacencia de un futuro mejor, hay que plantearse el presente con mucha atención al entorno.

Habitualmente en estas fechas de inicio de año me preguntan como coach: ¿Cómo debemos encarar el año?, ¿Hay que ser optimistas?, ¿Qué puedo hacer distinto de lo que hice el año pasado?, ¿Cómo lo hacen los otros? A estas preguntas lógicas siempre contesto que debemos mirar el pasado con templanza, explorar el futuro con honestidad y, ante todo, trabajar el presente con humildad ¡Y algunos creen que me he convertido en sacerdote! Pero es verdad que la ira para apreciar el pasado, el miedo para visualizar el futuro y la prepotencia para valorar el presente son malos consejeros. Suelo explicar mi teoría de las nueve preguntas estratégicas que sirven para hacer una buena visión sistémica del pasado, el presente y el futuro. Esta teoría, surge de dar respuesta a las continuas preguntas que me hacen los directivos al empezar el año y, que como buen estoico, le devuelvo con otras nuevas preguntas que se tienen que hacer.Hay tres tipos de preguntas:

1. Preguntas para el pasado: Donde poner foco para aprender del pasado.
2. Preguntas para el futuro: Donde tengo que visualizar nuestro anclaje motivacional.
3. Preguntas para el presente: Donde tengo que valorar mi situación actual.

Además el orden debe ser primero el pasado, ya que una vez planteadas y contestadas estas preguntas, el pasado, pasado está, después preguntas para el futuro y tras contestarlas el futuro, futuro será y, por último, continuar con el presente donde está el máximo interés, ya que el pasado y el futuro son simplemente hitos de referencias para nuestro hacer en el presente ya que el presente es, ni fue ni será.

La teoría de las nueve preguntas se basa en la actitud que el gran inventor Alexander Graham Bell nos decía: “A veces nos pasamos tanto tiempo contemplando una puerta que se cierra que vemos demasiado tarde otra que se abre”. En este sentido, hay que hacerse las preguntas a la vez con orden y, ante todo, con honestidad porque si no nos estamos mintiendo en nuestro solitario estratégico.

A.- Las preguntas sobre el pasado año. Son tres preguntas:

1. ¿Cuáles han sido los fracasos del año? Estamos de acuerdo que los éxitos nos motivan más que los fracasos pero nos movilizan menos. El éxito se celebra pero se aprende menos que del fracaso. Cuando piensas en esos dos o tres fracasos que no hemos sabido solucionar ponemos foco en el cambio. Pero sin ira, el error pasado sólo nos sirve para crecer ya que pasado está. Una aproximación como antropólogo al error es la que yo propongo, se trata de no valorar el error sino de analizarle sistemáticamente con todas sus concausas, condiciones, contexto y consecuencias (las 4C de un buen análisis). Y con una visión como Thomas Bernhard de logros frente al polvo, seguro que he aprendido y en este año he crecido en saber, saber hacer y, ante todo en querer hacer.

2. ¿Cuáles son las experiencias significativas? Del año pasado debo destacar que mi entorno me ha llevado a experimentar nuevas situaciones de mercado ¿Cuáles han sido estas experiencias significativas que me han marcado y por las que yo identificaría el año pasado? Estas experiencias pueden haber sido un éxito o un fracaso pero es interesante saber cómo se han presentado, quién ha contribuido a su vivencia y que valor han aportado a mi crecimiento personal. Qué situaciones de peligro me ha presentado el entorno y cómo las hemos superado, porque ya lo decía Holderlin: “Allí donde anida el peligro, crece también la salvación”. Esas dos o tres experiencias nuevas que han surgido el año pasado, inesperada y que me han servido para crecer en este nuevo año.

3. ¿Cuáles son las sensaciones predeterminantes? Qué he visto, olido, oído, degustado y tocado en el año anterior. La importancia de lo sensorial a la hora de valorar la experiencia anterior. La sensación me sirve para valorar como he sabido encarar los fracasos y las experiencias que me ha dotado la maravillosa vida. Todo el mundo valora como un sentirse bien o mal o buen o mal año pero, ante todo, se ha sentido de una forma adecuada o no en una visión holística de entender las experiencia profesional.

Lo importante es aprender del pasado con el elemento más racional, valorar como hechos pasado ya que las emociones pueden hacer re-vivir y volver a sentir el pasado como parte influyente del futuro. “Agua pasada no mueve molino” decía mi abuelo palentino, y yo añado “y que nos quiten lo bailado”.

B.- Las preguntas sobre el futuro. El futuro es muy traicionero porque todo vale. Mientras el pasado lo cambiamos para explicar mejor nuestra conducta, el futuro no es que lo cambiemos, es que nos lo inventamos directamente. Hay que tener cuidado en ser honesto a la hora de plantearlo, es decir, no querer imposibles con nuestros recursos posibles. Las tres preguntas son:

1. ¿Qué retos tenemos en el futuro? El futuro no está escrito y, por tanto, no podemos proponernos solamente planes sino también la emoción del reto. La seguridad de conseguir un reto alimenta nuestro principal capital competitivo que es nuestra autonomía. Si en el futuro no se plantean retos, donde estará la satisfacción de haber logrado lo que nos proponemos. Hoy día es muy habitual los directivos que dicen: “En este paupérrimo entorno yo no me planteo retos, voy día a día”. El día a día necesita de la ambición del reto, nadie puede pensar en el futuro sin tener una emoción en el logro de unos objetivos.

2. ¿Qué quiero ser de mayor? Para mi es la pregunta básica. Es el propósito definitorio de tu profesionalidad. Esta pregunta que últimamente hago muy a menudo a los directivos, siempre tiene una contestación: “Ser feliz”, pero los directivos no se dan cuenta que la felicidad no es una arcadia a la que se llega y ya está, sino que es el andar por el camino, es el proceso y la actitud de una persona al vivir lo que define su felicidad. No se puede querer llegar a un estado idílico de felicidad, sino ser feliz en el camino que se emplea en llegar a ser tu propia persona. Esta pregunta es profunda pero muy necesaria.

3. ¿Qué cambios voy a hacer? Lo importante es cambiar en función de tus retos y de lo que quieres ser de mayor. Igual que las empresas que ya no necesitan planes de negocio sino nuevos modelos de negocio, las personas necesitan nuevos modelos de ser persona. Hay que reinventar hasta el propio concepto de reinvención. Y como decía Santiago Ramón y Cajal: “Me reservo el derecho a pensar según mis ideas”, todos tenemos derecho a cambiar para conseguir nuestros retos y nuestro querer ser.

Tras preguntar al futuro con la honestidad de un hombre de pueblo, ya que lo peor es equivocarnos por grandilocuencias creídas y petulancias adquiridas debemos centrarnos en el presente.

C.- Las preguntas sobre el presente año. Cómo dijo el poeta que hay más allá del presente. El presente es donde tenemos que trabajar tras lo aprendido del pasado y lo motivado que estamos con el futuro, y debemos acercarnos con la humildad del científico que no da nada por supuesto y nada por sabido. Las tres preguntas del presente son:

1. ¿Qué me dice el entorno? Hay que leer el contexto casi diariamente, hay que apreciar la agilidad de los cambios que se producen en el ambiente. Es importante la curiosidad continua de entender el mundo, como se percibe el presente, como se vive lo que se está produciendo. De enero del 2015 a enero del 2014 no tiene nada que ver ni en condiciones macroeconómicas ni en variables sociales, es muy interesante estar continuamente con la actitud de un curioso de la realidad actual, ya que no podemos muchas veces adelantarnos, ante todo, tengamos conocimientos coetáneos del entorno que es básico para ser competitivos.

2. ¿De quién puedo copiar con orgullo? Ya que copio, lo hago con el orgullo de que lo estoy mejorando. Pero lo importante es quién está elaborando una mejor solución para la realidad y que yo pueda aprender de él. Es importante elaborar modelos mentales competitivos continuamente al observar, mimetizar y fagocitar experiencias ajenas. El aprendizaje observacional de personas competitivas en el presente es una gran fuente de innovación. Crear es cocrear, innovar es colaborar y fundamentalmente, competir se basa en compartir. Nadie por si solo puede crear, innovar y compartir en un entorno actual de endiablada interrelación de negocios.

3. ¿Qué aprendo cada día? El presente tiene el enorme sentido de ser el contenido de un aprendizaje continuo. Es el campo de experimentación donde pruebo mis hipótesis, establezco mis cambios y, ante todo, genero aprendizaje de mis experiencias. La sabiduría práctica se trata de saber hacer tu cambio diario. El psicólogo Barry Schwartz cuando analizó el juicio o sentido común determinó que lo importante en la empresa es tener profesionales con sabiduría práctica. Una persona con sabiduría práctica sabe cuándo tiene que hacer una excepción en su trabajo, cuando improvisar, cuándo se está haciendo un buen trabajo y cuándo tiene que cambiar. Saber cambiar por haber aprendido es en lo que se enriquece el presente.

En fin, que las aptitudes de un antropólogo para valorar justamente el futuro, la capacidad del labrador para saber retarse y tener una visión práctica del futuro y fundamentalmente, las competencias de un científico para valorar la humildad del presente. Este antropólogo, labrador y científico tiene que superar este síndrome de Sisifo. Siempre hay que subir una piedra a la montaña y ¡bendita piedra que tenemos que subir!, pero siempre hay que subirla con la alegría que la felicidad está en el paisaje de alrededor al subir la piedra más que en la cumbre. Qué por cierto, las cimas profesionales siempre son ávidas, frías e incluso feas ¿Por qué siempre queremos llegar a la cima?

Un comentario para “El síndrome SISIFO: el volver a empezar continuo”

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies de Google. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.