El mejor libro de autoayuda: una conversación con tus maestros

conversarHace unos meses, en el típico partido de futbol de tu hijo del sábado por la mañana, el padre de un compañero que sabía que me dedicaba al maravilloso mundo del empleo me preguntó: “Oye Javier, tú que te dedicas a la orientación, que libro de autoayuda me aconsejas ya que tengo mucha inquietud por estar en el paro”. Le contesté ¡ninguno!, y tras quedarse sorprendido, le reflexioné: la mejor autoayuda no es la lectura solitaria de recetas de motivación sino una conversación con alguien que te permita aprender. Y seguimos animando a la panda de preadolescentes que daban patadas a un balón. La semana pasada, en la misma cita temprana de sábado, me volvió a hablar y con una sonrisa me dijo “tenías razón, después de hablar con unas personas estoy mejor, no he encontrado empleo, pero al menos sé que valgo más que lo que creía”.
Cuento este caso real porque últimamente proliferan libritos de recetas que han generado ese mercado de la autoayuda y hemos descuidado el carácter social de cualquier autoayuda. Los términos de autoayuda, autoestima, autocontrol, autoconcepto, necesita del otro para su apreciación más que una lectura solitaria. Configuramos nuestra autoimagen a partir de la opinión de los demás, de ahí la importancia de las conversaciones con los otros para generar una opinión personal.

Las crisis personales toman perspectiva con la percepción  de los demás. De ahí la importancia de “conversar”, pues ya lo decía Francis Bacon: “la duda es la escuela de la verdad”. 

Quiero reivindicar el concepto de conversador como sustitutivo del de conferenciante experto. Las personas necesitan de maestros cercanos que conversen y no de gurús conferenciantes que te convenzan. Ha pasado el momento de transmitir falsas seguridades con conceptos de naturaleza insegura, pues estamos en una crisis total de referencias y sólo tenemos la capacidad de comprensión de la realidad desde diferentes perspectivas. Por eso, desde la FUNDACIÓN PERSONAS Y EMPRESAS hemos puesto en marcha la figura del CONVERSADOR que pretende aportar una nueva forma de relación entre un maestro y una persona.

Contratar a un conversador para un público pretende aportar una intervención de preguntas y posibles respuestas entre diferentes personas. No se trata de dar conocimientos o enseñar historias de un conferenciante, sino de recoger opiniones y canalizar tendencias entorno a una temática. Conversar es una oportunidad de contrastar tu opinión, dejarte influir por los demás y en última instancia tener la seguridad que todos estamos en la duda. No hay mejor certeza que saber que todos dudamos -nos decía Karl Popper-y yo incluso matizo, no hay mayor autoayuda que saber que todos necesitamos de los demás. Esta propia  conversación con maestros de la Fundación se basa en cuatro conceptos a cambiar socialmente:

1. El concepto de “Maestro”: Reivindico este concepto en el ámbito diario más allá de la estrechez del entorno escolar y/o académico. Todos hemos tenido grandes maestros de vida, gente que te ha prestado su vida, sus historias y sus sabidurías en algún aspecto. Lo que has aprendido de tus parejas, tus padres, tus amigos y como no, de tus enemigos. El aprendizaje vicario que decía el gran psicólogo Albert Bandura, es decir, el aprendizaje de la observación de lo que hacen otras personas es fundamental para el conocimiento del mundo. Yo recuerdo aquel profesor del que aprendí como tenía que vestir, o de aquella novia que me enseñó la forma de apreciar o de aquel compañero que me mostró la manera de mirar o de aquel competidor del que aprendí su forma de asumir los errores. En fin, el aprendizaje social está en la base de la forma de ser y hacer. Un ejercicio básico de Coaching es cuando incitamos al coachee a identificar sus maestros, muchas personas se deslumbran cuando encuentran el origen de sus propios rasgos de personalidad. Por tanto, hay que tener en cuenta a tus maestros y observarles mientras conversan con ellos. Más que leer libros llenos de tautologías brillantes y ejemplos llamativos es mejor hablar con personas que les has dado el rol de influyentes en tu vida. Tus maestros son la base de tus competencias personales. Pues como decía Albert Einstein la seguridad personal se genera cuando reconoce la inseguridad de los demás, pues para él la verdadera crisis era la crisis de la incompetencia. Desde la psicología sabemos la gran debilidad personal que supone el no tener maestros vitales y encerrarnos en mundos sin conversaciones sociales. Tener muchos maestros es un signo de alta autoestima.

2. El concepto de “conversar”: Si la red se basa en conversaciones sociales es porque el ser humano es un discurso. Conversar es el elemento más humano para dar seguridad y una gran herramienta de aprendizaje diario. Las personas adultas no necesitan clases ni conferencias inspiradoras desde el atril del conferenciante, sino compartir teorías, inquietudes y seguridades con personas expertas por su trayectoria. La sabiduría es el conocimiento con experiencia más allá de pronósticos grandilocuentes de incierto valor; se prefiere conversar con el experto. Tras haber superado el optimismo volteriano de la ilustración del S. XVIII, el conocimiento no es la única base de nuestra felicidad. No seremos más humanos por más conocer sino por reconocer nuestras limitaciones. La inseguridad, la ambigüedad y la frustración son variables humanas con las que tenemos que convivir y necesitamos el poder de la conversación para saber sus efectos. En muchas ocasiones, hemos dado poca importancia a la visión social de la conversación, parece que conversar es algo secundario pero es donde está la base del aprendizaje y de la seguridad personal, pues como decía el gran poeta Antonio Machado: “poned atención, un corazón solitario, no es un corazón”.

3. El concepto de “autoestima”: La autoestima necesita de la estima de los demás. Sin un baremo externo nosotros no sabemos el nivel de nuestros sentimientos. Muchas veces he intentado analizar el valor de mis capacidades y siempre emerge la figura de alguien que provocó en mí ese juicio. De ahí la importancia del factor social en cualquier crisis. Lo importante es “hablarlo” para interiorizar los conceptos de valor. Lo que se conversa con tus maestros te puede generar más autoestima. Estamos en un momento de sobrevalorización de la actuación, actuar, ¿para qué? si no sabemos donde tenemos que ir. Hay que hablar antes de actuar, pues lo decía Gustavo Le Bron: “para progresar no basta con actuar, hay que saber en qué sentido actuar”. La autoestima se genera hablando para aprender desde la vida. Pero no debemos caer ahora en una sobrevaloración del conversar, ya que conversar sin reflexión personal de lo que se habla con tus maestros no vale nada. El aprendizaje tiene un origen social pero un fin personal. Aprendemos más cuando creemos que podemos aprender. Este círculo virtuoso de seguridad y crecimiento personal es la clave de la autoestima pues ya lo decía el mejor manual de autoestima que se ha generado en la historia, el Quijote, cuando aquel señor con el gorro del sentido común llamado Miguel de Cervantes nos decía: ”más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo”. La autoestima se genera en conversaciones a tiempo con tus maestros vitales.

4. El concepto de “aprendizaje”: Aprender es una actitud proactiva que necesita del interés personal. No es que te formes, es que tú quieras aprender. Y el aprendizaje es un proceso instantáneo en cualquier faceta de tu día. Estar orientados al aprendizaje implica recolectar cada día nuevas ideas, actitudes, aptitudes, intereses, etc. El aprendizaje es holístico y no analítico, y por tanto, necesitamos de un marco de referencia. Si que necesita de maestros pero también de una actitud personal de querer saber más. Hay que buscar ocasiones para aprender que junten a maestros precipitadores y a los alumnos que quieran ser precipitados. Aprender es la característica humana más distintiva, diferencial y al final la más definitoria. Yo no suelo distinguir entre talento senior y talento junior, sino entre quien quiere aprender y lo que yo denomino los aprendidos. Yo no quisiera ser un aprendido, alguien que se cree que ya sabe mucho porque esta ilusión cabalga en la ilógica ilustrada de querer saber por acumular conocimientos. No sabe el que más leer, el que más vive, el que más se forma, el que mejores maestros tiene, sino el que más quiere aprender. Todos los elementos fomentan el aprendizaje pero ante todo están tus ganas de aprender.

En fin, que esta crisis es cobarde y tenemos que aprender de ella, pues la única crisis preocupante es la personal. Y para no caer en crisis personal, hablemos muchos con maestros vitales y aprendamos a relativizar las seguridades externas y profundizar en el valor de nuestra autoestima.

Y para acabar, un mensaje de un gran maestro personal, Albert Einstein (cuánto habría dado por una conversación con él) cuando decía: “con ninguna cantidad de experimentos se podrá demostrar que estoy en lo cierto, pero un sólo experimento puede demostrar que estoy equivocado”.

No os equivoquéis, vuestra autoestima está en los demás.

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