De cadenas de miedo, promesas de alegrías y predicciones bondadosas

brotes verdesEn este tenso contexto hay tres fenómenos psicológicos que me gustaría desentrañar porque su aceptación inicial nos lleva a su malinterpretación final. Todo el mundo se encadena a miedos externos (síndrome Nube Gris), todo el mundo vende felicidad y sonrisas (síndrome Joker) y, por último, todo el mundo busca predicciones favorables (síndrome de Brotes Verdes).

Estoy un poco harto de tanta nube gris, joker de sonrisa permanente y de inimaginables brotes verdes.

Es humano que en época de sequía económica como la actual exista contagio de negatividades, ventas de ilusiones de felicidad y posibles predicciones de fantasías animadas de ayer y hoy. El sentido común nos engaña con miedos sociales, sonrisas utópicas y futuros idílicos, pero cuándo todos los días te lo dicen ¿empiezas a recelar? Estos mecanismos psicológicos sirven para poder conllevar estos momentos de desvaríos generalizados. Pero como decía el filósofo M. Heidegger: “Si pensamos a lo grande cometeremos grandes errores”, es decir, pensar en generalizaciones “buenistas” nos condiciona nuestra capacidad de raciocinio. Estos síndromes o trampas psicológicas en la mayoría de las personas en este contexto, nos está llevando a burdas o simplemente a verdades “enanas”. Vamos a analizar estos tres síndromes:

1.- Síndrome Nube Gris: o ¿Cómo se generan cadenas de miedos? Parece que muchas personas necesitan las primicias de las malas noticias para comunicarlas. Cuando vas a contar una mala noticia, siempre te salen con otra mayor, dicha por una alta autoridad y comunicada en secreto a él. Igual que las leyendas urbanas, se circulan muchos miedos en nuestro grupo de referencias. No hay reunión de directivos o seminarios de expertos donde no salga lo último de los miedos sociales. Cuantos rumores sobre horizontes catastróficos o rumores de sinsabores actuales. Estamos en el mundo de la transmisión del miedo ajeno generando a cada persona mayores niveles de ansiedad por ser más vulnerables. Ya lo decía Franklin D. Roosevelt: “A lo único que hay que temer es al miedo mismo”. Miedo a tener miedo, ese sí que es el verdadero miedo. Todas las personas estamos repletas de miedos exógenos que influyen en nuestra capacidad de tener miedo. Hace poco me di cuenta del miedo que me ocasionaba la contaminación en China, hasta que descubrí que no era mi miedo sino uno de los demás. Por favor, dejarme con mis miedos que ya son muchos y cobardes, para encima convencerme de miedos ajenos. Todos sabemos que el miedo compartido es menos miedo, como dice el Budismo: “Compartir es nuestro verbo y nos permite entender mejor el mundo”. Pero compartir mi miedo no es igual a tener que interiorizar los miedos ajenos. Hay multitud de personas que les gusta ser “nube gris” en momentos de crisis. Son los primeros que han visto este determinado peligro y, por tanto, tienen un poder de experto por compartir contigo la primicia del nuevo miedo. Siempre recordaré la frase de Luis Racionero sobre “el perverso engaño psicológico de la culpabilidad”, me niego a sentirme culpable de miedos ajenos. Espero superar un ecosistema de miedos y tener aquellos que debamos tener pero no más. Las cadenas de miedos se observan en cualquier conversación diaria; las personas necesitan notoriedad por el conocimiento de los mayores miedos que nos acontece. El miedo es necesario en este momento, pero debemos poner foco en nuestros miedos para poder superar temores paralizantes e implicarnos en su superación.  En fin, debemos huir de personas “Nube gris” en nuestro entorno, que tienen significación social por su negatividad. Siempre que hay Nubes grises aparecerán Nubes azules. Dejémonos de pensar en miedo porque si no al final tendremos miedo de pensar. Os lo aseguro mis miedos personales son suficientes para convivir y no necesitamos de otros miedos no personales.

2.- Síndrome Joker: Ahora cada vez que alguien tiene que vender una idea la presenta con el argumento de la felicidad y la sonrisa. En un principio, era muy loable que pusiésemos foco en la felicidad en época de dificultades, pero ya van generando un cansancio vital. No quiero que me vendas siempre la felicidad, pues además de ser falso genera un sentimiento de aborregamiento mental. Tanto libro de autoayuda en la felicidad, tanto reportaje de personas felices, tanta publicidad de bebidas que te hacen feliz, etc., nos lleva a recelar de la bondad de su intención. En este momento, sólo se vende lo que promete felicidad, ¿pero es feliz quien compra algo para ser feliz? Como decía André Gide: “Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado”, recela del que promete felicidad y no un camino para que tú hagas esa felicidad. La felicidad es un proceso y nunca un resultado. Se es feliz a veces por caminar en un camino de diferentes estados de felicidad. El síndrome Joker, se refiere a la sonrisa “gineta”, forzada, con el maquillaje del personaje de joker en Batman. Vender “felicidad” se puede convertir hasta en una paradoja porque genera a las personas sonrisas y emociones positivas sin acompañarlas de una respuesta racional. Ser feliz no se compra ni se vende sino que se desarrolla por cada persona. No vendamos felicidad sino fomentemos la capacidad de ser feliz. Cuando hablamos de felicidad siempre aparece en mi cabeza el paisaje literario que escribió el filósofo Nietzsche: “Por todos los rincones de la tierra hay hombres que se sientan a esperar, sabiendo apenas que es lo que esperan, y mucho menos que están esperando en vano”, es decir, la felicidad no se puede esperar, comprar o adquirir sino solamente trabajar tu persona para alcanzar el camino de la felicidad. No queremos jokers sino simplemente personas que a veces sonrían y algunas veces lloren para saber que son felices en la mayoría del día. En fin, la felicidad está en ti y no en objetos ajenos.

3.- Síndrome “Brotes verdes”: Estamos condenados a escuchar predicciones bondadosas ¿Cuántas veces a alguien se le ha ocurrido predicar un futuro mejor? Más desde su querer que desde su saber, es fundamental no encerrarnos en ilusiones ópticas compuestas de brotes verdes. La crisis que tenemos nos ha cogido cariñó y está aquí para querer quedarse. Predicciones en un principio eran propias de la bonhomía del emisor o de las pequeñas creencias de las persona, pero según avanza la crisis, cada vez más suena a falso metal. Los psicólogos llaman la “neurosis del destino” al trastorno de las personas que sabiendo que el acontecimiento es negativo les gusta creerse que ahora no lo es. Grandes mentes persiguen la necesidad de dar buenas noticias para subir la moral de la tropa, sin saber que cualquier mentira futura genera ansiedad en el presente. Estamos hartos de brotes verdes o flores primaverales, no hay que pensar en metas futuras agradables para ser feliz en el momento. Hay que aceptar el aserto de Ortega y Gasset: “Y es que no sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa”, queremos saber para sentirnos más seguros, cuando lo importante es estar seguros sin saber nada de nuestro futuro. Yo prefiero que antes de brotes verdes hablemos del árbol maduro de nuestra fuerza interna. Somos personas cuyos miedos y promesas se encierran en nuestro presente. Como dicen los budistas, igual que mis ancestros palentinos, para vivir hay que tener ojos de elefantes, que sólo saben mirar hacia el frente. En fin, no nos engañemos con futuras mejorías cuando sólo tenemos que pensar en el presente como la mejor opción posible.

Como psicólogo pragmático suelo recelar de las ideas simplistas y muy repetidas, me gusta rumiar ideas establecidas y por eso hay que derribar el mito del miedo social, la alegría eterna y la bondad de nuestro futuro. Estoy seguro que en un futuro cercano tendremos nuevos miedos, momentos de infelicidad y nuestro futuro no será tan bueno como me lo imagino pero todo esto será vivido por este humilde humano miedoso, alegre o triste pero, ante todo, adaptado a cualquier futuro. Lo importante no es creerse lo bueno sino vivir como si cualquier momento fuese el mejor. Pues como decía Voltaire, para explicar sus razones para ser ateo, en aquella frase: “El reloj supone el relojero”, yo suelo decir que la felicidad supone al hombre feliz. Empieza a ser feliz con lo que eres y tiene para dejarte de engañarte con miedos externos a ti, con alegrías transitorias y con futuros obnubilantes. No nos dejemos engañar, el futuro personal empieza y acaba en ti como persona. Ser persona auténtica, honesta y cercana es el primer paso para ver brotes verdes, felicidades y escapar a los miedos ajenos.

No olvidéis que ser feliz empieza por ser.

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