Comunicar pero no comunicando

telefonoEn esta época de acidez económica, sólo veo directivos comunicando, pero no haciendo comunicación. El término comunicando siempre me ha gustado por su equívoco significado. Procedente de la jerga de la telecomunicación expresa muy bien la situación actual ¿Queremos comunicar o estar comunicando? Todas las empresas disponen de muchos medios y canales de comunicación pero no hay tiempo para comunicar. Los directivos están atareados en otros menesteres, como mirar las cuentas de resultados o buscando grandes ideas externas de gurús sin experiencia. La fuerza y el futuro empresarial están en la innovación que consigues con tus personas, necesitamos estar en comunicación con el mercado, el entorno y la sociedad pero, sobre todo, con tus propios empleados.

La crisis es fría, nos deja ateridos y todos tendemos a encerrarnos en nuestras ideas y tenemos miedos comunicativos. El directivo que lucha la adversidad sobrevivida necesita comunicar para enriquecer su ilusión, su estrategia y los empleados ruegan tener confianza desde el nivel directivo. La situación actual se asemeja a la que se describe en Moby Dick, donde Stubb nos dice:”Yo no sé todo lo que podrá pasar, sea lo que sea, iré hacia ello riendo”. Sin confianza y compromiso no hay liderazgo en estos momentos de incertidumbre y desorientación empresarial. El directivo debe comunicar la realidad, pero con el filtro de la confianza en su estrategia y en el compromiso personal en el proyecto empresarial. Lo importante no es transmitir información sino dar confianza, no es impartir conocimiento sino mostrar compromiso; los empleados necesitan la versión directiva a la realidad que vivimos.

Por tanto, hay que huir del engañoso gerundio que es “comunicando” y forzar a que comunicar sea una tarea directiva diaria. Además, es un proceso ”low cost” cuyo principal coste es el lucro cesante por el tiempo que hay que dedicarle. ¿Tenemos seguridad que aprovechamos más el tiempo en otras tareas que no sabemos su eficacia en la actualidad?.

Comunicar al menos implica la posibilidad de involucrar a las personas en la ilusión empresarial, integrar las ideas pensadas en conceptos empresariales y por último, hacerlos corresponsables en las decisiones estratégicas empresariales. Pero la experiencia para comunicar es seguir el proverbio chino:”El que ha desplazado la montaña es el que comenzó por quitar las pequeñas piedras”. Comunicar empieza por querer comunicar interpersonalmente, no son importantes los medios sino la actitud de enfrentarse al hecho de comunicar desde tu perfil personal. No hay mejores o peores perfiles de comunicación, todo directivo puede tener su forma de llegar a transmitir confianza y compromiso. No se trata de generar portavoces “clónicos” como presentadores de noticias ni generar “monologistas” graciosos por frases, sino que se trata de ser auténtico, personal y claramente “ser como uno mismo es”.

Desde hace unos años hemos formado y desarrollado a los directivo en un modelo de comunicación muy sencillo, pero a su vez muy útil. Se trata del Modelo (H2 x R2) que es uno de los instrumentos que utilizamos en el diseño de un proyecto de comunicación interna teniendo en cuenta su valor para incrementar la eficacia de la comunicación interna. El Modelo H2 x R2 (ecuación de la comunicación con confianza) se basa en trabajar una serie de conductas directivas que comunican confianza y responsabilidad. Tanto en las acciones de formación como en las de coaching debemos insistir en desarrollar estas cuatro competencias que son las que generan más comunicación directiva de confianza:

  1. “R” de RESPONSABILIDAD. La primera competencia para que comunique un directivo se trata de practicar la responsabilidad de ser directivo. En esta época los empleados necesitan directivos responsables desde su propio ejemplo, su escucha activa, su forma de vivir el compromiso empresarial y su capacidad para confiar en las personas. La responsabilidad es lo que decía Inmanuel Kant:”Asegurarse de ser responsable es un deber”, Nuestro deber directivo no puede rehuir las decisiones, los conflictos, los sinsabores de difícil entrono que nos toca vivir. Transmitir a través de nuestra comunicación la responsabilidad nos genera la imagen de fiabilidad para poder comunicar nuestra estrategia. Hay que trabajar las conductas responsables para que la comunicación tenga  impacto personal. Nadie puede influir si no tiene el valor dado por el receptor. La responsabilidad del directivo ¿Es flexible? Ya decía Nietzsche:”El éxito siempre ha sido muy mentiroso”.
  2. “R” de REALISMO. Tras ser responsable debemos enfocar el realismo en momentos de dura realidad. Ser realista propone clarificar las expectativas de los colaboradores y no genera falsas ideas pero, ante todo, hay que afrontar la realidad tal y como es. Los colaboradores no quieren visiones idílicas o palabras hueras que solamente sirven para engañarse momentáneamente. El realismo supone hablar claro, porque en la adversidad se debe comunicar con claridad y evitar falsos eufemismos que solamente generan desconfianza en los receptores. Comunicar donde el realismo genera confianza porque todas las personas necesitan que alguien les diga lo que ellos ya están diciendo. Andy Warhol decía:”No me miro jamás al espejo porque no se ve nada” y así es de paradójico comunicar con realismo, a veces es decir lo obvio, pero quién quiere escuchar necesita hoy lo que todo el mundo sabe que es. El realismo es el segundo eslabón que generamos confianza al responder a la pregunta. ¿Me dice la verdad? Siguiendo a Thomas Bernhard:”Nunca se supera la desesperación a través de la mentira”.
  3. “H” de HUMILDAD. La comunicación responsable y realista nos prepara para abrir la mente al impacto del interlocutor, pero a partir de este momento necesitamos que el emisor represente una serie de valores de enorme valor comunicativo. En estos momentos, queremos que nos hablen y comuniquen desde la humildad, más allá de grandilocuentes versiones descubridoras de arcadias irreales, necesitamos planteamientos posibilistas de una amarga realidad. La humildad como característica del emisor nos enseña los resultados y pone su disposición a trabajar sin promesas de futuros imposibles, como decía el clásico Quintiliano:”El que miente necesita tener buena memoria”. El paradigma “Vicente del Bosque”, que estoy seguro que pocos cursos de formación debe haber recibido, nos demuestra como una persona con humildad impacta en los interlocutores. Este entrenador se le puede descubrir como con un enorme sentido de responsabilidad y realismo afronta humildemente su capacidad y conocimiento. El líder humilde tiene engarce en un mundo descreído de salvapatrias vociferantes, y por tanto, le encanta encontrarse con líderes humanos que se equivoquen pero que tengan la fuerza del aprendizaje tras el error. La comunicación con confianza necesita la admisión y reconocimiento del error para posibilitar la sutil fuerza de la humildad que identifica al receptor con el error del emisor. Me acuerdo de Enrique Tierno Galván, aquel líder humilde que nos decía que el triunfo político es la suma del sentido común y la capacidad para el liderazgo. La humildad responde a la mágica pregunta: ¿Me es leal?. Hoy día en este mundo de líderes perfectos es necesaria la humildad como nos contaba el autor de novelas negras Raymond Chandler:”canta más que una tarántula en una plato de nata”.
  1. “H” de HONESTIDAD. Por último, de esta ecuación de la comunicación con confianza hay que destacar la competencia honestidad. Todas las competencias anteriores pueden ser tergiversadas por personas expertas en comunicación, pero la actitud honesta en muy difícil de imitar. Proponer ideas que creen transparencia y que los receptores observen que surge del querer ser honesto no tiene valor en generar confianza. Lo honesto posibilita a los interlocutores una enorme capacidad de persuasión por la cercanía y la lealtad que expresa. El líder que genera conductas honestas supone un enorme acercamiento a la realidad, no solo con responsabilidad y realismo (sabe lo que tiene que hacer). Este continuum de saber/poder/deber es una lógica de actuación en la comunicación directiva que genera mucha confianza y compromiso. Tras un análisis de conductas exitosas de comunicación que hace Paul Ekman en su análisis del rostro de las emociones, podemos indicar que la persuasión con confianza es sólo posible con conductas responsables, realistas, humildes y honestas. El líder honesto demuestra respeto continuo a sus interlocutores y aborda la comunicación desde la capacidad de influir por su alto nivel de exigencia personal. No se acepta cualquier solución, sino aquella que valga, pero siempre y cuando sea honesta con sus compromisos. La honestidad como conducta comunicativa responde a la pregunta ¿Me puedo fiar? Y, como decía un antiguo dicho palentino:“En la vida no hay amigos, ni enemigos, sólo hay maestros”.

A manera de resumen, el líder actual debe habituarse a comunicar desde una forma distinta. No estamos en tiempos de líderes de enorme capacidad de comunicación pero escasas conductas de confianza.

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