Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces: ¿Cómo se elige un coach idóneo?

Desde el año 2000 que hacemos coaching siempre me han hecho esta pregunta. ¿Cómo se elige un coach?, y yo siempre he dicho ¡Qué con mucho cuidado!. elección_coachpara que este le pueda influir y el que asume el rol del coach tenga las habilidades que se le suponen. Cada vez más me encuentro con coach con multitud de adjetivos (Ontológicos, Fenómenológicos e incluso Cosmológicos), como si la potencia de sus habilidades estuviera representado por la altivez de su definición. Muchas veces me preguntan qué tipo de coach soy, y simplemente les digo que soy coach, es más, creo que la definición nos viene por utilizar las técnicas de coaching, y así digo que soy un psicólogo que hace coaching. Ya que el coaching, ha potenciado la actividad de diversas profesiones como una herramienta de intervención. Tan útil que como  la consultoría, counselling  y la formación y que se constituye en una forma potente de intervención profesional. Por tanto, no se puede definir sólo por ser coach y no se es más importante cuanto más etiquetas te coloques detrás de la palabra coach, sino que somos unos profesionales que sabemos utilizar el coaching.

Con este planteamiento humilde del coaching y sin el boato de kilométricos títulos se debe afrontar el proceso de elección del coach. Y parafraseando a Woody Allen que le echaban de clase en una prueba de metafísica por copiar del alma de un compañero, hay multitudes de directivos que eligen el coach por quedar epatados por el coach. Hay muchos errores de selección en el proceso de coaching y a manera de resumen, los he clasificado en 4 criterios por lo que no se debe elegir un coach y otros 4 criterios por lo que si se debe elegir un coach. Creo que es mejor empezar por lo que no se debe hacer y que observo últimamente que se hace en la realidad.

Los criterios que no se pueden utilizar son:

1.Elección teórica. Creerse el artificio mental de las Escuelas del Coaching. Los que hemos hecho la carrera de psicología, siempre hemos tenido la presión de las escuelas, cuando el criterio de ser de una o de otra es emocional más que racional. Lo racional es aprender de todas y escoger lo práctico de cada una, ser un ecléctico metodológico y un relativista teórico es el mejor enfoque en el coaching. Pero desde mi conocimiento de la psicología, todas las escuelas aportan ideas y proponen metodologías útiles y lo peor es que por seguir una escuela tenga que aceptar ideas o llevar metodologías que no crea en ellas. Cuando se dice este es un problema para un “coach ontológico”, yo les digo que confundimos la apuesta por el pragmatismo por la seguridad del conocimiento exclusivo que genera cualquier escuela. Por favor, elijamos un coach adecuado a las problemática, al entorno, a las características del coachee y a la petición organizativa y no pongamos luz de gas que plantea las multitudes de escuelas que sólo sirven para diferenciar a los coaches y tratar de competir encerrados en etiquetas. Liberemos el coaching de las etiquetas.

2.Elección por título. La temática de las homologaciones es demoledora. Las Asociaciones Profesionales de Coaching en España son ecosistemas limitativos más que potenciadoras de la realidad del coaching. Me recuerda al carnet de pesca cuando era joven, pagabas un dinero y podía pescar en el rio, pero quien me aseguraba que sabía pescar. Hay profesionales homologados que temblarían si mi hijo les escogiese como coach. ¿Para qué sirve las Asociaciones Profesionales? Pues si no entran en la batalla de la calidad y solamente se justifica por una formación sin evaluación “efectiva” me parece que poco van a servir. Sirve más la capacidad de percepción del coach de una situación que el estar homologado. Si es verdad que puede producir la sensación que al menos ha hecho un curso amplio de coaching, pero no deja de ser una elección de mínimos. No es que esté en contra de las Asociaciones Profesionales de Coaching, sino de este tipo de Asociación que tenemos actualmente. Homologar significa evaluar y ser exigente, no simplemente pagar una enclenque supervisión. Se puede exigir la homologación pero nunca elegir un coach solo por ella y me vale el argumento de Andy Warhol “ la gente dice que el tiempo cambia las cosas, pero es mentira. Tienes que cambiarlas tu mismo”. Por eso me gustaría que se creara una única Asociación exigente y con prestigio y no esta miríada de Asociaciones pseudomafiosas.

3.Elección por la formación. “Este es un buen coach porque se ha formado en….”, este tipo de argumento de autoridad empequeñece y deposita la elección en la bondad del maestro más que en la calidad del aprendiz. Siempre me han asustado criterios de elección basado en instituciones docentes y más en una nueva profesión. El mejor negocio que ha existido en un principio en el coaching ha sido la formación de los propios coaches. Todo aquel directivo desempleado, o pseudofamosas en crisis que quería cambiar se pagaba un curso de coaching, certificaba un número de horas de coachees con amigos de café y listo para campar con su título de coach. Creo que la formación del coaching necesita de certificación rigurosa de calidad y huir de los “baños psicológicos” de algunos profesionales. Lo que consideramos la psicología como una ciencia nos da pánico las barbaridades que pueden hacer estos advenedizos profesionales. La seriedad y consistencia de los estudios de la psicología no puede sustituirse con un mecano de rápida construcción de cuatro ideas psicológicas. No se trata donde se forma, sino en qué, cómo, cuando y cuanto se forma.

4.Elección por el nombre. La profundidad del coaching pasa por la creación de empresas especializadas en coaching. El coach individual e intérprete de la realidad debe pasar a la historia. El coach necesita de equipo que permita encarar los diferentes temáticas empresariales que tienen los distintos coaches. Si cualquier problemática vale el mismo coach, tenemos un problema de flexibilidad y adaptabilidad del coach. Como decía Abraham Maslow “ Si sólo tienes un martillo, tiendes a ver todos los problemas como un clavo”. Los equipos de coach que analizan los casos y proponen al mejor coach según su experiencia y conocimiento enriquece el proceso de elección del coach. Los coaches deben cambiar el Personal Branding tan exagerado que observamos en las redes sociales por un Team Branding de pertenecer a un equipo. Como los equipos médicos especializados pueden dar una respuesta mejor que el mejor cirujano aislado. Además, la importancia de la supervisión como criterio de calidad del coaching se puede llevar  mejor en equipo que a través de asociaciones con otros coaches.

Hasta aquí, cómo no se debe elegir un coach por ser de una escuela, por estar sólo homologado, por donde se ha formado y por su Personal Branding. Ahora teniendo en cuenta que la formación  y homologación son criterios mínimos pero no suficientes hay otros 4 criterios para poder elegir adecuadamente:

1.Elección por el nivel de adaptación. En la primera reunión con un coach hay que observar su capacidad de adaptación a la problemática específica. Es decir, su nivel de percepción (se ha enterado), de comprensión (lo ha conceptualizado) y de acción (ha marcado su intención). Es interesante que los departamentos de recursos humanos se fuercen a hacer una calibración inicial del reto de cambio. Este cambio que se plantea debe ser asumido tras haberle percibido, comprendido y accionado adecuadamente por el coach. No es adecuado que el coachee se adapte al coach, sino que el coach quiera y sepa que su nivel de adaptación es clave para el éxito del coaching. De aquí la importancia de los tres momentos iniciales: a) petición organizativa sistematizada por el área de RRHH, b) reunión con el jefe inmediato para especificar la situación y c) sesión para ver la adopción mutua y aceptación de roles entre el coach y coachee. Lo importante es saber que esta adaptación es importante y en la primera reunión con recursos humanos seleccionar quien mejor quiera adaptarse.

2.Elección por experiencia similar. Es habitual elegir el coach no preguntando al coach sino contándole el caso de coaching. Lo cual va en contra del criterio básico de una selección. Quien pregunta domina la situación. Hay que elegir el coach por sus experiencias similares al caso que tenemos y no por su prestigio personal. Decía Paul Valery “no es una tesis lo que se define en el debate, sino a uno mismo”, si preguntaras a un coach si es bueno ¡que nos va a contestar!. Si es verdad que es humano preguntar a un camarero si es bueno un plato que tiene en la carta, pero no deja de ser irracional el confundir interés con valía. Profundizar en la exigencia similar es garantía de éxito en la elección del coach.

3.Elección por referencia. Ya sabemos que España es un ecosistema de referencias rápidas y amiguismo exacerbado. No recuerdo mucha gente que se moje en una referencia en selección, eso que llevo muchos años haciendo selección, eso si para recomendarte alguien somos muy rápidos. Con estas limitaciones culturales, tenemos que pensar que pedir referencias no es malo, sino necesario en el tema del coaching. Lo importante es analizar el cambio producido en otros contextos y con problemáticas similares. Y como decía el poeta latino Marco Valerio “es muy desgraciado aquel que ninguna persona es de su agrado“, y al revés, y aquel que todos son de su agrado. Hay que pedir referencias a personas que tenga personas que le agraden y personas que no la agradan. La gestión adecuada de las referencias es un buen criterio de elección de coach.

4.Elección por proyecto. Hay que elegir a un coach después que este te haga su propuesta de valor. Tras hacerle un briefing de la problemática debemos esperar una propuesta específica y adaptada para este cliente. Más allá de propuesta de corta y pega que nos hable de las bondades del coaching lo importante es ofrecer una guía de intervención específica. No hay buenos o malos coaches, sino coaches que hacen un proyecto más idóneo que otros. Sabemos desde la propuesta de valor planteada más que desde el prestigio manifestado por el coach. No hay que creer en las bondades del coach sino en su planteamiento profesional.

Por lo tanto, elegir un coach por su capacidad de adaptación, por su experiencia similar, por sus referencias y por su proyecto de intervención mejoraría ostensiblemente la calidad de coaching.

Está claro que los esfuerzos en la elección del coach son básicos para el éxito del proceso, por tanto, mirando que tenga la condición necesaria pero no suficiente de formación y homologación, tenemos que poner foco en su propuesta y en hacer un verdadero proceso de selección del coach más idóneo a tu situación. Olvidando escuelas, titulitis, blog y otras alharacas profesionales tan utilizado hoy día en este proceloso mundo del coaching.

Y para finalizar, quien mejor que Miguel de Unamuno, ahora que hace 80 años de nuestra cruel guerra civil, para expresar mi postura a la hora de elegir un coach. Como sabéis, a Miguel de Unamuno antes de la Guerra Civil le preguntó a un periodista “¿Don Miguel, usted en la próximo guerra civil será neutral, viendo como está criticando a unos  y a otros?” y contesto “No, no, jamás, yo no soy nunca neutral, porque neutral viene de neutro, ni con unos ni con otros. Sería si acaso “alterutral”, es decir, con unos y con otros”. De este artículo mi postura frente a la situación del coaching no es neutral sino obviamente alterutral, hay que debatir por el futuro de nuestra querida práctica del coaching. El coaching es una gran herramienta profesional pero debemos aligerarle de los “típicos tópicos” para que no se convierta en  “tópicos típicos”. Menos presumir y más hacer, el coaching se hace y no se nace.

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