Balance competencial: ¿Por qué nos hacemos trampa en el solitario?

solitarioCuando tenemos que hacer una transición en nuestro proyecto profesional enseguida nos fijamos en nuestros éxitos pretéritos o nuestros fracasos históricos. Y según nuestro momento vital nos cargamos de razonamientos y emociones que vierten a nuestra percepción una imagen de héroe o de villano. Pues estos hitos son importantes pero no suficientes para hacer un balance competencial adecuado. Hacer un balance implica pasivos vitales que pueden ser enormemente útiles y en cambio disponer de éxitos que son activos tóxicos porque nos impiden tener una verdadera percepción. Los fracasos son muy útiles para reinventarnos, y los éxitos no deben obnubilarnos porque, ante todo, debemos cambiar. Lo que ayer fue idóneo hoy puede ser inadecuado. El futuro no está para darnos la razón a nuestros éxitos en el pasado.

Ya lo decía Paul Valery: “El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era”, no tenemos datos para predecir el éxito basado solamente en nuestras experiencias. Nunca antes ha valido menos un curriculum, como dice mi amigo “friki “ casi es un “ridiculum”, más necesitas de competencias abiertas, aprendizajes múltiples y actitudes polivalentes. De aquí la importancia de nuestros “ridículos históricos” porque siempre hemos sacado un aprendizaje que a lo mejor podemos utilizar en estos momentos de reinvención. Lo bueno de los fracasos es que lo hemos vivido y hemos generado “vacuna” para convivir con él, como decía Paul Cezanne: “Pinto flores de papel porque no se marchitan nunca”, quiero vida en un curriculum vitae, errores, equívocos, fracasos y, ante todo, que me lo explique la persona como lo vivió.

En este sentido, hay que modificar los modelos clásicos de instrumentos de búsqueda de empleo: hacer curriculum, escribir ofertas, hablar con empresas de headhunting y selección, etc. En el momento actual más que historiales hay que hablar de futuribles, más que buscar oportunidades de empleo hay que pensar en crear ofertas, y más que pensar que el empleo está en la red de intermediarios hay que hacer marketing directo en lo posibles centros de demanda. Si ha cambiado el modelo de selección ¿Cómo tenemos que hacer el balance de competencias? No valen aquellos modelos basados en puntos fuertes y puntos débiles (que era un punto fuerte enmascarado), tampoco nos sirven las referencias ampulosas y basadas en figuras de rol elevado, ni mucho menos pertenecemos a la generación de las loas en artículos y publicaciones, ya que lo que fuimos no predice lo que debemos cambiar. Más bien lo que hemos aprendido nos ayuda a reinventarnos y basarnos en el aprendizaje del error para saber qué debemos hacer y, como no, las emociones que hemos tenido para ayudarnos en este momento de templanza vital. Como cantaba Edith Piaf: “Non, je ne regrette rien” (no, no me arrepiento de nada) a los legionarios franceses que regresaba de la Guerra de Argelia en 1961 cabizbajo por su derrota. En las batallas perdidas están inscritas las victorias de las guerras futuras.

A manera de reflexión mental hay tres instrumentos que yo suelo manejar para mejorar nuestro balance competencial y no nos autoengañemos a la hora de cambiar para ganar futuro. Estas técnicas son:

  • Curriculum de fracasos: En las culturas anglosajonas el fracaso se vive con menor carga emotiva por el ridículo social. A menudo, te cuentan con desparpajo sus fracasos que les han hecho más fuertes para crecer. Es normal haber fracasado empresarialmente para obtener grandes éxitos posteriores ó haberse equivocado en un cambio de empresa que les sirvió para saber lo que no quería. En nuestra cultura “católica-latina” el ridículo social se tapa y no se menciona, se genera en secreto y con culpabilidad más que un aprendizaje vital. No es lógico interpretar el pasado sólo desde lo bonito de los aciertos olvidándonos del claro-oscuro de nuestros fracasos vitales. El éxito siempre son segundas o terceras oportunidades tras el aprendizaje de fracasos anteriores ¿Por qué nos empeñamos en no querer hablar de nuestros fracasos? Son menores por no hablar de ellos o creemos que un entrevistador artero (más si es un experto psicólogo) no va a descubrir la incompetencia de nuestra actitud enmascaradora. Lo importante no es no tener fracasos (porque siempre van a existir) sino haber aprendido de lo que no se debe hacer. No sólo se es por tener éxitos sino también no se es por tus fracasos. Os recomiendo que hagáis el ejercicio y escribáis vuestro curriculum de fracasos sin la visión restrictiva de la deseabilidad social, y comprobaréis la cantidad de aprendizaje que hemos obtenido. Como dice José Antonio Marina “Tener un prejuicio es estar absolutamente seguro de algo falso”, o como decía mi abuelo palentino: “no siempre hay que decir nunca, ni nunca hay que decir siempre”. Hay tantos pasados como focos queramos prestar atención. Aprovechemos nuestro pasado para que nos sirva para el futuro y no al revés que busquemos un futuro para justificar nuestro pasado.
  • Curriculum vitae, pero más vitae: La estandarización de los curriculums han matado a las personas que viven tras las palabras. Yo discrepo de los consejos cortoplacistas de escribir el curriculum en un modelo estándar, lo interesante es tu vida no tus éxitos. Hay gente que se les llena la boca con el “Personal Branding” y luego envía un curriculum de hoja y media muerto de emoción. Hay que emocionar al receptor con tus historias vitales. Donde están las emociones en una retahíla justificativa de tus experiencias de lógica euclidiana y de raciocinio insultante. ¿Qué pasó?, ¿Por qué cambiaste o te cambiaron?, lo interesante está en la intrahistoria de tus decisiones vitales porque ahí está tu aprendizaje en competencias y habilidades. Suelo recomendar para trabajar tu balance competencial que las personas hagan un “cuento vital” de su vida profesional. Utilizando las técnicas de storytelling, les hago que se identifiquen con un animal y luego que cuenten que historia ha pasado. Les limito a una hoja de narración pero obtengo enormes emociones personales. No se trata de una prueba proyectiva sino de sacar a las personas de su zona de confort para hablar de sus huellas emocionales que hacen su verdadera marca personal. Como decía John Houston al contar en su biografía su vida personal: “Tuve cinco esposas y muchos errores. Me casé con una colegiala, una dama, una actriz de cine, una bailarina y con un cocodrilo, ¿aunque no sabeis de quién aprendí más?” Reconocer las emociones te permite hacer un buen balance vital ¿Cuánto jefe cocodrilo hemos tenido?
  • Curriculum 360º: Otra herramienta que me gusta es evitar que la persona cuente su vida solo bajo su prisma. Todos nos escribimos nuestra mejor versión del pasado, y así cuando hacemos el balance tenemos una distorsión de origen, que es como hemos construido nuestras justificaciones. Aunque no se trata de hundirnos mentalmente, si es bueno que relativizemos nuestro punto de vista. A muchas personas que estoy ayudando a reinventarse les comento que antes de buscar trabajo se dediquen al “mes del feedback”, es decir, a hablar con actores importantes de su vida sobre su experiencia. Personas que te conocieron, colaboradores, jefes, compañeros, amigos, vecinos, etc., al final se trata de compartir una típica pregunta de adolescente ¿Cómo lo hice? Porque aprender empieza por reconocer lo que hiciste mal o bien pero según otras personas. Y por favor pedir feedback no se trata de empeñarte en convencerle que su percepción está equivocada. Ya lo decía Tolstoi: “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en lo más importante, cambiarse a sí mismo”.

En fin, que hay que ser justo en nuestra percepción del pasado y que lo veamos íntegramente incluyendo fracasos, emociones y feedbacks ajenos, porque aprender de los errores pasados es más inteligente que repetir los mismos errores en el futuro y, además saber lo que no somos es tan importante como saber lo que son. Y, esto no está en contra de la psicología positiva sino que hay que ser “optimalista”, es decir, optimista pero con realismo. Y tengamos una mirada adolescente hacia nuestro pasado porque nuestra careta racional adulta nos lleva a replicar actitud y aptitudes no exitosas del pasado. Y para acabar, simplemente una enseñanza de pueblo cuando aprendí a jugar al mus en aquellos páramos palentinos que perder un envite (una batalla) no me obligará a echar un órdago (perder una guerra) para justificar la pérdida del envite anterior. Por favor, no nos hagamos trampas en nuestro balance competencial porque nuestro futuro no se lo merece.

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