Efectos Psicológicos de la Transformación Empresarial

  • La digitalización en la que estamos inmersos a todos los niveles, tanto profesional como personalmente, trae aparejada todo una bateria de nuevas conductas cuyos efectos están cambiando nuestra manera de relacionarlos, comunicarnos e interactuar con el medio no sólo en lo formal sino también a nivel psicológico.

El concepto EFECTO en las definiciones de la RAE no recoge la expresión que utilizamos habitualmente en psicología. La ciencia psicológica se refiere al término efecto cuando se refiere a un atributo relacional (causa-efecto) que describen las conductas típicas que ocurre cuando aparece y las influencias entre ellas. En el efecto más clásico en Psicología, el efecto Pigmalión nos describe la influencia de la creencia que se tiene sobre una persona (si es buena o si es mala) sobre la percepción de su rendimiento.

A los psicólogos del trabajo que nos encanta analizar las conductas en las empresas tenemos que saber la incidencia de estos efectos. Los efectos psicológicos al ser un atributo relacional entre una causa y un efecto, suele inscribirse mucho en el entorno y en el momento. Por eso, es interesante estar abierto a los nuevos efectos que ocurren actualmente por la digitalización social que nos embarga. Todo se expresa digitalmente, y por tanto hay nuevos efectos psicológicos que influyen en el comportamiento habitual de una empresa.

En esta sección que inauguramos hoy, voy a explorar nuevos tipos de efectos psicológicos que se están dando en este momento y cuya visualización todavía no hemos analizado. El medio digital ha proporcionado unas experiencias de conductas clínicas, como es el cotilleo digital, el Personal Branding, etc., y por tanto, está generando más efectos.

A la lista clásica desde el efecto biológico (sexual) del efecto COOLIDGE (más tensión sexual cuando hay nuevas congéneres receptivas) al efecto HALO que tanto ha explicado DANIEL KAHNEMAN con sus sesgos cognitivos, debemos incorporar nuevos efectos que surge de las redes sociales, de la virtualización de la realidad y de los cambios personales que introduce la accesibilidad y disponibilidad tecnológica.

Todos los efectos psicológicos responden a un patrón de actuación: si haces tal cosa luego ocurre estas otras consecuencias. Poner el énfasis en el efecto y no en las causas es una aproximación pragmática de la psicología. Evitar caer en análisis profundos de los ¿Por qué? es sustituido por un análisis práctico del ¿Por qué? Los efectos psicológicos actuales han variado porque el medio ha evolucionado, aunque en el fondo pone en marcha a los mismos átomos de las emociones, pero su estructura y modelo está cambiando.

Cuando tanto se habla de tecnología y sostenibilidad más se tiene que hablar de las personas, que están en el centro de lo sostenible y real de las empresas.

 

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Vivir Hiperconectados

APUNTES SOBRE UN PLANETA ESTRESADO

Matt Haig

Planeta – Septiembre 2019

Análisis de la obra y del autor

¿Estamos estresados porque el planeta está estresado? Esta es la original pregunta que se hace MATT HAIG en este libro de indudable creatividad.

Desde una biografía que se explica a partir de una crisis nerviosa y una depresión larga, MATT HAIG expresa consejos y métodos sencillos para salir de la espiral de ansiedad que nos atenaza en lleva el mundo actual. En un mundo estresado y rápido en el que vivimos, sin duda, genera individuos al límite. Esta hiperconexión entre humanos nos lleva a vivir sin reflexión y en una capa de superficialidad.

Este libro no es científico o de un gurú, simplemente de un escritor que partiendo de su propia experiencia nos explica como cambiar la situación.

Con indudable estilo didáctico y divulgativo, Matt Haig plantea que el camino es la “rehumanización” de la tecnología para poder abordar este mundo de indudables ventajas prácticas, pero con enormes claroscuros personales. Ser más humano implica saber vivir en el estrés que nos invade desde un entorno rodeado de tecnología. Más es menos, en fin, el minimalismo nos hace más fuerte.

Resumen de la obra

Con un esquema particular, de breves capítulos y con espacios muy libres el autor expresa no sólo ideas sino también narra muchas otras emociones.

Se trata de poner gráficamente lo que implica un continuo estrés con sinvivir diarios. Sus argumentos son:

  • Un mundo estresado que nos lleva a tener un cerebro estresado. Tenemos un problema de exceso de información que nos lleva a hacer desintoxicaciones digitales, y de aquí la necesidad de poner medios para conseguir estar sereno. Vivimos el incremento del mindfulness, la meditación y el ejercicio de una vida minimalista frente a una cultura tecnológica sobrecargada.
  • La vida es muy rápida. Como dice Iñaki Gabilondo, todo lo que pasa es lo mismo de lo que se pasaba, pero todo muy acelerado. El cambio siempre ha sido una constante humana pero la velocidad del cambio no lo es. Y frente a esta rapidez debemos diferenciarnos porque en un futuro cercano nos acecha la singularidad, es decir, cuando la inteligencia artificial se muestre más inteligente que el propio ser humano. Además, nos obsesiona la belleza joven y nos introduce una preocupación nueva en la historia de la humanidad que es el miedo a envejecer. Nos está cambiando nuestra concepción del tiempo y somos infelices instalados en el futuro sin disfrutar del presente.
  • En el mundo actual hay un exceso de todo. Esta sobrecarga vital nos lleva al pánico de tener un exceso de pensamientos, emociones y conductas, es decir, tenemos un cerebro sobrecargado. Sera internet nos está empequeñeciendo porque nos hace estar conectados a un sistema nervioso social, donde nuestra felicidad es más colectiva que nunca. Se ha socializado las emociones, hemos pasado de ser exclusivos a ser participados con los demás. Hay que tener cuidado con quien se finge ser, porque a lo mejor es lo que somos. Los algoritmos de las redes sociales son nuestras normas actuales de ser felices.
  • El efecto multiplicador de las noticias. El efecto de shock que origina la rapidez e intensidad de las noticias nos lleva a volvernos locos. Y esto nos lleva a no entender el sueño, cada vez se criminaliza más el dormir y nos estamos enganchando a las noticias. Son muchos los incentivos para permanecer despiertos, sin creer que el sueño es esencial para nuestro bienestar. Tenemos una crisis de sueño global. Dado que la hiperconectividad nos empuja a trasnochar.
  • Nunca hemos estado más conectados y nunca hemos estado más solos, la conectividad nos hace fácil el contacto social, pero lo importante no es estar en compañía sino sentirse bien en compañía. Los smartphones nos generan la necesidad de que has de estar ahí siempre y nos fomenta practicar la multitarea. Tenemos un problema en el bolsillo que nos crea adicción tecnológica.
  • Si el mundo se volvió más intenso, conciénciate de tu bienestar. Creernos que podemos controlar el mundo es una fantasía que nos induce la tecnología. El mundo siempre será caótico y pensar que todo lo podemos saber, conocer y controlarlo simplemente es una fantasía infantil. Para combatir esta situación lo más interesante es ser tu propio amigo y evitar la sobreexposición y aceptar la vida natural, más vale respirar que googlear.
  • Tu mente necesita de tu cuerpo. La diferencia mente/cuerpo no tiene sentido. Como dice Matt Haig “Somos mentales. Somos físicos. No estamos divididos en secciones independientes. No somos unos grandes almacenes existenciales”. La sensación de mismidad (ser yo mismo) y despersonalización empieza por” virtualizar” tu ser. Eres porque estas conectado y tu cuerpo no es importante sino tu fluir por las redes sociales. Tener la sensación de ser antinaturales.
  • Se nos vende la infelicidad, porque la infelicidad es donde reside el dinero. Se nos induce a no ser nosotros mismos y a querer tener otra vida. Vivimos en la era del PHOTOSHOP y las cirugías plásticas porque los robots del futuro serán de diseño. En fin, que, si buscamos la perfección, nunca estaremos satisfechos. Se nos animará a ser adictos, nada es nunca suficiente.
  • Esta cambiando la cultura del trabajo. En un entorno en el que se cultiva la evaluación en el trabajo más que el modelo de desarrollo se convierte en la causa de baja autoestima. Tenemos una obsesión cultural en tener que trabajar más que en ser feliz en lo que se trabaja. La rueda de trabajar para tener dinero para consumir nos lleva a no establecer límites y genera estado de insatisfacción permanente. ¿Porqué el progreso es bueno per se? No podemos detener el progreso tecnológico, pero, si lo podemos humanizar. Y como expresa el autor en una forma gráfica en una frase de Will Rogers “Demasiada gente se gasta un dinero que aún no ha ganado, en comprar cosas que no quiere para impresionar a personas que no les caen bien”.
  • Ideas sencillas para superar un mundo estresado, hiperconectado y adictivo:
    • Concienciación: para cambiar hay que aprender porque que hay que cambiar.
    • Totalidad: Nunca serás otra persona, así que no intentes serlo.
    • Tu mundo es subjetivo: si tu cambias tu punto de vista cambiará tu planeta.
    • Menos, es más: Simplifica tu vida. Elimina lo que no sea preciso que este en ella. Tu sabes lo que es importante.

En fin, el resumen del libro es que tu mundo está en tu interior y tenemos que ser capaces que el ruido tecnológico nos impide escuchar la amena quietud del ser.

IDEAS FUERZAS

Este libro expone multitud de ideas de una forma generosa y a veces incontables, pero debemos pensar en coleccionarlas desde las aportaciones que nos hacen:

  • Minimalismo: Frente a la sobreexposición a noticias y conocimiento, centrarse en lo básico y sentir que el menos, es más.
  • Cerebro estresado: si el mundo está estresado eso nos lleva a configurar una vida donde el cerebro está siempre en funcionamiento. Saber pensar que el cambio continuo de la atención no es bueno para ser feliz nos lleva a priorizar lo que atendemos para ser feliz.
  • Desintoxicación digital: Para liberarnos de la continua dependencia del mundo estresado tenemos que saber desconectar digitalmente, solemos hacer dietas digitales para mantener nuestro sentir humano.
  • Rapidez del cambio: La velocidad del cambio que estamos viviendo nos hace estar todo el día pendiente de lo que está cambiando. Estamos obsesionados por no quedarnos atrás, tenemos ansiedad de no enterarnos.
  • Singularidad: El miedo a que los robots y la inteligencia artificial nos supere y sea más inteligente que nosotros.
  • Instalados en el futuro: somos infelices porque siempre estamos deseando nuevas cosas y nuevos retos y evitamos conseguir la felicidad de lo que tenemos en este momento.
  • Sobrecarga vital: Vivimos no solo acelerados sino muy intensamente, tenemos excesos de todo y falta de tiempo. Y es principalmente, el tiempo bien vivido lo que nos hace más felices.
  • Empequeñecimiento social: Los algoritmos de las redes sociales nos codifica, nos hace más previsibles y nos crean nuestra caótica humanidad.
  • Efecto Shock: El mayor impacto de las noticias y el acontecer del mundo en tu vida, nos abruma el entorno y nos impide estar viviendo tu realidad como única.
  • Menosprecio del dormir: Las enormes posibilidades de estar conectados y sus maravillosas recompensas en dopamina hacen menosprecio del sueño cuando tiene un enorme valor para tu bienestar.
  • Adicción al Smartphone: tenemos en el bolsillo un distractor vital que nos lleva a vincular la vida a través de una pantalla. Nos aísla socialmente, aunque nos conecta con una multitud de oportunidades.
  • Ser tu propio amigo: en este entorno estresado lo más importante es que te trates bien a ti mismo para conseguir tener una relación más humana contigo, no como te diga las redes sociales de como tienes que estar.
  • Perfeccionismo vital: Estamos constantemente pensando en mejorar, sin disfrutar lo que eres ni lo que tienes nos lleva a ser unos insatisfechos permanentes.
  • Obsesión por trabajar: El trabajo per se sólo sirve si te sirve para estar realizado. Ser feliz implica necesariamente estar realizado. Sin estarlo no podemos pensar en haber sido feliz.
  • Humaniza la tecnología: El cambio de la tecnología no es valorativo porque es imparable. No se trata de huir o reclamar a la tecnología sino más bien domesticarla a una visión más humana. Humanizar la tecnología para evitar que la tecnologización de nuestro entorno nos impida ver la vida que hay detrás.
  • El mundo es subjetivo: No existe el mundo exterior sin tu mundo interior. El cambio no esta en el mundo exterior sino fundamentalmente en tu forma de percibir y entender el mundo desde tu interior.

UTILIDADES PARA EL DIRECTIVO

Este libro introduce en el directivo una serie de reflexiones de enorme calado práctico y le hace plantearse muevas forma de ver la vida, podemos destacar las siguientes:

  • Hay que distanciarse del entorno digital. Un modo de vida más SLOW DIGITAL no ofrece una mayor distancia y reflexión frente a la problemática empresarial. Tomar altura y no estar en un continuo bucle de contestar y estar atento al smartphone.
  • Hay que aceptar que la velocidad nos condiciona. Vivimos en un mundo donde se valora la rapidez y la agilidad como factor competitivo. Esto nos lleva a ver la realidad como un continuo y no tener tiempo de formar y condicionar tu a la realidad y no aprender de su cambio. Pilota tú, tu cambio y no dejar que otros le condicionen.
  • Hay que evitar competir con los robots. La batalla futura no está en preocuparte si un robot es más inteligente que tú, sino en que eres singular para que no compitas con un robot.
  • Hay que estar en el presente y no sólo en el futuro, habitualmente siempre esperamos estar en busca del futuro sin valorar lo que vives en el aquí y ahora.
  • Hay que vivir más y conectarnos menos, la continua dependencia de la intensidad informativa de la redes no hace vivir para estar enterados.
  • Hay que ser cuerpo y no pensar en que la mente es algo diferente al cuerpo. Tener un buen cuerpo implica tener una buena mente porque no hay mente sin cuerpo. Pero no supone que si tienes muy bien el cuerpo o la mente tienes bien el otro lado, necesitamos de entender la realidad como un equilibrio entre la mente y el cuerpo.
  • Hay que cambiar la cultura del trabajo. El trabajo no es un fin sino un medio para sentirte realizado, que sirve en la parte fundamental de ser feliz. Feliz siendo auto-eficaz.

UTILIDADES PARA EL COACH

Para un coach directivo es un gran libro para la actividad de su temática y por la evocación que produce su lectura. Este libre sirve para:

  • Identificar claves del nivel de sobrecarga informativa y tecnológica que tiene una persona.
  • Reconocer que el mundo actual es estresante y tenemos que pensar en desintoxicarnos digitalmente.
  • Interpretar que el problema no es el cambio sino la velocidad del cambio
  • Plantear que el futuro y el miedo a envejecer están sobrevalorados y nos lleva a querer ser siempre jóvenes y a vivir en el futuro.
  • Concebir que hay exceso de todo y por tanto carencia del “no tener” como elemento básico para ser.
  • Configurar una vida desde la asunción de la conectividad como elemento, pero no como fin, la tecnología es un medio.
  • Desarrollar una filosofía de vida basada en el bienestar y no el querer ser. Más presente y menos futuro.
  • Ejercitar el ser humano ante todo para evitar encerrarnos con la tecnología como universo simbólico.
  • Y, finalmente, vivir conscientemente en un mundo estresado sabiendo que nunca serás otra persona pero que el mundo es subjetivo y que sólo se es feliz si menos, es más.

CONCLUSIÓN

Este libro que tenemos entre las manos es un gran resumen vital. El autor empieza a descubrir que su ansiedad proviene de no aceptar su mundo interior y dejarse llevar por un mundo estresado. Pone encima de la mesa, multitud de ideas muy valiosas por su nivel de autenticidad y explica muy amenamente como estamos configurando nuestro mundo. Ser consciente del poder de la tecnología no nos hace de menos sino de más, porque es la forma de vivirla y como la hacemos más humana esta es la clave de su éxito. En muchas ocasiones, hemos pensado que vivimos en un mundo mejor, sin duda nos lo posibilita, pero también, tenemos la insatisfacción de un mundo muy consumista y encerrado en la frialdad social, y es aquí donde este libro tiene su valor, lo importante no es la tecnología sino tu forma de entender la tecnología. Tu saber hacer un hueco a lo esencial, que es ser el dueño de tu cambio. Lo básico, no es la tecnología sino tu libertad de poder elegir en ser feliz con o sin tecnología.

Un libro para reflexionar en que mundo vivimos, y sobre todo, en que mundo queremos vivir.

Menos es más, cuando más es menos.

 

Sustitución de trabajadores por robots. Sentencia discutible, debate inevitable

Nos desayunábamos hace pocos días con la noticia de una sentencia de un juzgado de Las Palmas en la que se declaraba improcedente el despido de una trabajadora porque la empresa pretendía sustituirla por un robot.

La sentencia y su argumentación es muy, pero que muy discutible y supongo que será recurrida, pero es muy ilustrativa de la manera de pensar del juzgador a la hora de abordar la automatización de un puesto de trabajo y la sustitución de los trabajadores afectados. Vamos a darle una vuelta a ambas cosas.

La sentencia es muy discutible porque choca con la realidad que tiene que enjuiciar y parece que esa realidad no le gusta al juzgador, por lo que decide no aceptarla y llega a la conclusión de que el despido es improcedente. Digo que no acepta la realidad, porque la sentencia señala que las causas técnicas, organizativas o productivas en que la empresa basa su decisión de despedir, no quedan acreditadas en la carta de despido que se entregó a la trabajadora. Muy bien, eso bastaría para declarar la improcedencia del despido y no habría nada más que decir (sobre todo para quien no conoce la mencionada carta, ni los detalles del caso). Lo que pasa, es que a continuación de señalar eso, su señoría se mete en el complicado jardín del debate entre empleo y tecnología y convierte la sentencia en un artículo de opinión sobre las consecuencias de la una sobre el otro, elevándose a construir explicaciones de orden constitucional, que resultan como mínimo fuera de lugar.

Como ya he dicho, la sentencia señala expresamente que, al no recogerse adecuadamente la causa del despido en la carta entregada a la trabajadora, el despido se debe declarar improcedente por no acreditarse la concurrencia de la causa alegada. Pero es que, dicho esto, el señor juez nos dice que, aunque hubiera quedado acreditada la causa en la carta, también el despido debería ser declarado improcedente. Para ello, la sentencia, apoyándose en el voto particular de una sentencia del TS (e ignorando la propia sentencia), se encarga primero de negar el sentido literal y de fondo de las últimas reformas del art.52 del Estatuto de los Trabajadores (ET), de contraponer los derechos constitucionales de libertad de empresa y del trabajo y de declarar (o reiterar) la improcedencia en base a que no se pueden admitir los despidos derivados de los cambios tecnológicos porque eso supondría admitir que muchos trabajadores podrían perder su empleo (!!). O sea, porque no le gusta afrontar la realidad que el caso le plantea, que no es otra que, según la ley vigente, está justificado el despido que se deriva de causas técnicas. O lo que es lo mismo, viene a vaciar de contenido el art. 52 (y unos cuantos más) del ET, en base a unas elevadas razones (¿científicas, doctrinales, de equilibrio jurídico o de tertulia?) y sin plantear la inconstitucionalidad de los preceptos así cuestionados.

En el camino, al juez se le desliza su manera de pensar sobre los despidos objetivos -a los que califica de extraordinarios- y justifica que hay que dictar la improcedencia porque eso supone una mayor indemnización para el trabajador. A última hora, parece que todo es una cuestión de precio y su señoría acepta el despido, siempre que sea más caro para la empresa y deja el supuesto mandato de protección del empleo para mejor ocasión. Hasta ahí la sentencia.

El debate. La sentencia choca contra una realidad con la que nos toca vivir desde hace tiempo. Día a día se destruyen miles de puestos de trabajo por la incorporación de la tecnología y hay sectores que hemos visto cambiar en muy pocos años (¿nos acordamos de cómo eran las agencias de viaje, cuantas había y que empleo suponían, o de cuando solo comprábamos en tiendas físicas, limitados por horarios y por la carga de la compra, o de cómo se fabricaban los coches?). El debate, en el que se plantea hasta “el fin del trabajo” y que incluye la propuesta de que los robots coticen para salvar la seguridad social -precisamente porque están sustituyendo a trabajadores-, sobre la influencia de los cambios tecnológicos en el mercado de trabajo ya está iniciado desde hace más de cien años y la gran cuestión es si el saldo final entre generación y destrucción de empleo será finalmente favorable a la creación de nuevos puestos de trabajo (como ha venido ocurriendo en las anteriores revoluciones industriales) o no.

Una parte de este debate es la de la regulación y gestión del mercado de trabajo por parte de los legisladores y poderes públicos. La ley no puede contemplar como excepcional y esporádico el cambio tecnológico, porque es ya el día a día en la vida de las empresas (muchas de ellas desaparecen y otras se crean por ello) y de los trabajadores (muchos pierden y/o encuentran empleo también por ello). Si la norma legal no brinda soluciones rápidas, razonables y equilibradas que contemplen todos los intereses en juego, simplemente será desbordada por la realidad y el coste será muy alto en términos de creación de nuevos puestos de trabajo. La tecnología y el conocimiento como principal factor de producción caracterizan estos tiempos y brindan una gran oportunidad a las sociedades que apuesten por trabajadores formados y abiertos al cambio y por empresas flexibles e innovadoras capaces de crecer y aportar riqueza.

Hace tiempo que es una obviedad que ir contra la digitalización y robotización de las empresas supone no solo negar la evidencia sino pecar de iluso. La competitividad se centra, cada vez más, en economías colaborativas, en nuevas metodologías organizativas y en la colaboración de los empleados con robots en procesos de trabajo de cada vez mayor valor añadido (al principio, como pasó en la industrialización inicial, para superar los condicionantes de la fuerza física y la fatiga y, cada vez más, para incorporar la Inteligencia Artificial -IA-). Los seres humanos, que hemos evolucionado por nuestra capacidad de adaptación, tenemos que seguir adaptándonos a este nuevo ecosistema digital y robotizado. Encerrarnos en una visión proteccionista nos lleva a una concepción maligna de la robótica y como todo en la vida, hay que ser consciente que la actitud (o el prejuicio) influye en nuestra conducta humana (si es malo seguro que harán el mal)

El principal eje de reflexión para producir una adaptación inteligente a la nueva realidad pasa por la humanización de la tecnología. No se trata de enfrentar lo humano a los robots (que son una obra humana…al menos, por ahora), sino de como generar una relación de personas-robots que facilite el trabajo humano. Si creamos una visión negativista de los robots nos encontramos en una versión de lucha de clases entre obreros y robots (en una versión actualizada del ludismo). Hay que pensar que un trabajo con robots puede ser más humano, porque disponemos de mayor capacidad de autonomía, conciliación e inteligencia.

Además de cambiar nuestra actitud negativa hacia los robots e incidir en la humanización de la tecnología tenemos que aceptar el aprendizaje continuo como valor profesional. La tecnología incide en estar todo el día actualizado e impide un anquilosamiento en hacer lo mismo. Hay que evitar ser un obsoleto digital para estar mejor preparado en la forma de colaboración con tu robot (que es más una herramienta que un compañero, al menos hasta hoy). Actitud, humanización y formación continua como llaves del empleo de hoy y de mañana. Huir del empleo que se base en labores repetitivas y con trabajadores de muy baja cualificación es más efectivo que centrarnos en saber si la indemnización por despido será más o menos alta.

Juan Chozas, Of counsel Auren Abogados y Javier Cantera, Presidente de Auren-Blc

 

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